Expresando·Literatura·Sentires

Me dio gusto verte, vivo

¡Lo estás!

Tus largas extensiones no mintieron en cada Clin-Clan

que las melodías marcaban a tu cuerpo.

Estabas tan vivo como yo,

cuando deseaba loca todo lo que quería contigo,

ahora sé, eso era: ¡estaba viva!

Pero, para entonces,

escribía con los dedos entumecidos

y bailaba con el cuerpo igual;

hoy soy calor de nuevo y tú, que ya eras estatua glacial,

volviste a sudar bailando en pareja… porque finalmente, la encontraste.

Esta tarde arremetieron contra el presente un montón de “ojalás”.

Les respondí que no escribía ya por ti ni para nosotros,

sino desde esta distancia que me recordó la escarcha

y los silencios que se alargaron hasta mi último mensaje, hasta hoy.

Todo, hizo que la lluvia que me empapó,

no sólo saliera de las nubes, sino de mis lagrimales:

ser tan sensatamente ajenos y lejanos,

sabiendo de buena tinta sobre la profundidad de las cavernas del otro.

Lo que duele no es el tiempo ni sus sentencias,

apena que “ya no hay lugar al que volver, al que querer regresar”.

Las ausencias engañan,

pero fuiste real todos estos años

en que toqué tu piel y sonreí a tu lado izquierdo de la cama;

de ahí la raíz tan efectiva como dolorosa de esta distancia,

Con todo, fue un gusto verte vivo;

la última vez querías despedirte de este mundo.

Sólo queda desearnos tanta danza como nos quepa en el cuerpo,

¡que no se te acabe nunca!

Y agradecerte por revelarla para mí,

también se queda conmigo para siempre.

Literatura

Cartas a Helena (Parte II)

Cosas que no puedo borrarme:
La última vez que te vi con tus bien plantadas y nulas ganas de coger, esas mínimas muestras de amor; las razones por las que todo terminó y esta despedida virtual tan al estilo millennial.

Te dije: “no quiero más nada”. Y es lo que hoy tengo de ti: nada. Eres la desaparición forzada de alguien a quien amo con todo el que soy. No ya como pareja, porque luego de tantos intentos y tanta cosa, uno sabe que no quiere más.

Y no, claro que no sólo fuiste tú. Yo tampoco fui el mejor siempre, y al final de todo es que, creo que simplemente no pudimos.

Es cierto que en momentos te olvido y sonrío y estoy de veras feliz, porque me distraigo con nuevos rostros y voces y su música; con nuevos proyectos que de veras me llaman. Pero cuando bien vengo al silencio, aparece tu ausencia con él y extrañarte se hace rotundo, in-huíble.

Sé que, como muchos otros antes de mí han dicho: mis ojos no volverán a verte y mis manos que te recuerdan bien van a tocarte jamás. Y es que, Hele, los últimos meses (o ya no sé desde cuándo) fueron para mí como vivir en el Ártico siendo auténtico fuego de hoguera. Tenía ganas de ti, de hacernos calor unas horas, con besos, con caricias, con palabras, ¡con puras miradas!

No olvido esos últimos días. Antes de que todo acabara, como si lo supieras, me abrazaste con todo tu amor. ¿Habías vuelto? Me pregunté y seguí: Si me quedara más tiempo, si aguantara un poco más ¿regresarías con todo el deseo y el amor que parecían haberse evaporado?

La cosa es que se me acabó la paciencia. Se me esfumó el qué dar, el quedar. Se nos hizo demasiado tarde, Helena.

Yo quería ser pareja incluso en tiempos de batallas inluchables, en tiempos de hambre, en tiempos de insondables pérdidas y heridas profundas. No para que me besaras con toda la vida entre tus labios, cuando la muerte te estaba acompañando, pero para que supieras que no sólo ella te acompañaba; que mis abrazos no querían caerte como “bofetadas”, y que mis intenciones eran deveras amorosas.

Quería ser contigo alguien que, aún con la muerte, brindara porque al menos y, no tan menos, nos teníamos el uno al otro con vida.

Nunca fui el hombre que necesitabas. Fui el que pude ser y no fue suficiente para cultivar en ti más sueños nuestros.

He tenido mucho tiempo para saber que la vida sigue aunque raspe, hierva y canse; la vida siempre sigue, sobre todo si hay razones alrededor para amarla con todo tu ser, yo sé que hoy las tienes y que por eso sigues con lo tuya. Por ahora, con saber eso me doy por satisfecho.

Siempre te llevaré en mis memorias,

Matías R.

Consciencia·Literatura·Poesía·Sentires

El amor de los árboles

Un alma descalza merece otra igual,

de transparencia y todo menos lacerante.

 

Como amor de árbol a bella mujer que,

en un abrazo toma de ella lo que no necesita

y lo transforma en energía vital.

 

Como el amor del árbol que, invisible,

a través de la tierra envía lo mejor de sí para él que vive contiguo:

una conexión bajo tierra, pecho tierra, pecho a pecho;

imperceptible pero tan profunda como las raíces de cada uno.

 

Un alma desnuda no merece otra que se disfraza de honestidad para conquistar con engaño…

Para merecer el amor puro del árbol,

primero, hay que ser uno.

Literatura·Poesía·Sentires

El mar sabrá curarme

Hoy las olas estrepitosas chocan unas con otras.

¿Cuándo pasó?

¿Cuándo dejaron tus ojos de mirar directo a los míos?

Quizá al pedir un poco más de lo que era ya sólo reserva.

O, cuando descubriste en su piel nuevos secretos y aventuras…

Deja que se calme la marea que ahora hay tormenta.

Deja que el oleaje sea suave marea

que arrulle la mente inquieta,

que meza los temores

y lleve en su cadencia tus sueños más poderosos.

Que un velo de agua salada envuelva tu cuerpo

y te sumerja en un nado de olvido.

Que el mar saboree tu pena,

llevándola consigo a lo profundo de su azul.

Enterrando allí recuerdos e historias

de un pasado que es ahora imaginario.

El mar sabrá curarte

y con su sal cicatrizará la herida.

Cuando salgas bañada de mar,

el sol destellará las pequeñas gotas en tu piel.

Regresará el brillo a tus ojos,

y toda la luz del universo a tu rostro.

Poesía

Eterna salvación

Quisiera poder salvarte.
Cargarte en mi espalda por cuadras
y llevar tus ojos a la cima de una montaña,
para recordarte que tu esencia es el mismo cielo,
y que las flores y el viento fresco viven en ti.

Salvarte…
ahora que has tirado tu escudo, tu espada
y te despojaste de la armadura
para ser devorado por tus creencias y tus miedos.

¿Qué ser despreciable sería?
Si te arrebatara la oportunidad de enterrarte en la oscuridad
para encender tu propia luz.
Sabiendo que en paralelo
me lanzo a un abismo infinito.

La eterna salvación es
la que le debemos día a día al propio corazón.

Mira profundo en tus pupilas
y descúbrete único en las huellas de tu piel.
Recuerda como tus tarsos se hunden en la duela,
y que cuando danzas,
sobre iluminas hasta los confines del universo.

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Honesty is all you got

My heart is knotted,

my mind is friendly

but my soul has been just pushed

at the bottom of the chest.

 

Stop crying, little girl.

Stand up and talk, woman.

Face it.

Say what you feel

with no fear in your leaps.

 

Say that you love him,

even he makes you feel turbulence…

Even though things get blurry when he’s around.

 

Tell the truth, that you know the way he loves

doesn’t seem like the best of loves.

But still, you love him.

Not quite sure what it is, you want it.

And your hope is a stubborn bitch decided to believe in a possibility

and refuses to give up her longing.

 

Be fearless to what you think about yourself

‘cause it’s all right to feel, you’re alive.

It’s all right to feel…

Just don’t forget what you dream.

Don’t forget why you came to this world in the first place.

You came to live… the dreams lodged in your soul.

 

 

 

 

 

Consciencia·Literatura·Poesía

Ojalá pudiera escribir

He perdido la poesía.

Me abandonó de nuevo y,

quizá esta vez no vuelva.

 

No dijo adiós.

Sólo dejó de venir a mi mano,

dejó de presentarse como cura al daño.

 

Las palabras permanecen en silencio,

sin retórica ni rima que combine

sensaciones y sonidos con palabras.

 

Como si las frases no quisieran

venir a verme en este vacío inapelable.

Cómo si la lírica se hubiera escapado

por el agujero que traigo en el pecho,

ese que, desde hace rato, parece y no estar,

pero que en noches grita que lo escuche

para mostrarme las grietas que la última sacudida dejó.

 

Ese hueco que recuerda la esencia de la vida

y que se hace visible en noches cómo esta,

en que un poema me vuelve a acompañar.