Expresando·Literatura

Que no se me duerma la vida

Cuando se me duerme la creatividad,

de algún modo,

también se me duerme la vida.

Me vuelvo aburrida, dramática, sobre todo.

La clave está en no perderla,

en no soltarle la mano

porque en ella vive la resiliencia.

En mantenerla despierta

para que salpique con ideas

y nuevas estrategias de salvación a todo mundo,

a mí, particularmente.

“¿Eres poeta o drama…” turga?

A veces ambas.

La vida no es lo que esperas, nunca.

Es vida y ya, a secas (y de seca tiene muy poco).

Los agnósticos dicen que nada en Dios tiene sentido.

Que no hay un más allá que el más acá

que no se parece a otra cosa que la vida agria y terrenal.

No es cierto.

Todo tiene sentido en ella

cuando la miras a los ojos y, en este preciso instante, te ha sonreído.

Cuando tus piernas siguen dando pasos

y tus manos contando historias,

y tu corazón escribiendo poemas y dramas.

Pasa que se nos durmió el instinto.

Los otros animales no padecen de estos problemas de la mente;

de la existencial duda de ser o no ser;

ni del por qué así y no asado;

o del por qué ya no me quiere

si antes me amó desenfundada-mente.

Creemos que somos más de lo que somos.

No somos dioses, sí humanos.

Parte de un todo creado por el dios de la casualidad

o del azar, o por el de la física o el de la biología;

seres evolucionados, al fin, por razones que no elegimos.

Elegimos hoy y nada más.

Yo elijo escribir y, ahora mismo, bailar.

Cartas·Literatura·Relatos

Mucha dignidad en conocerte

Hoy me detuve en uno de esos puestos de lectura del Metro y entre muchos parecidos, elegí el libro que más me llamó. Por pelado azar me encontré con la poesía del que llamas “MyLove”: Alí Chumacero.

Te pensé… Recordé esa mágica noche de abrazos de piernas en que sacaste de tu mochila un libro que tenía como promesa: apabullarme (la misma noche que me hablaste sobre la llave del deseo). Leías a tu escritor predilecto a diestra y siniestra, sin piedad; mientras que yo me revolcaba en fantasías sobre nuestras futuras aventuras como amantes de las letras que se dan todo el amor.

Me escuchaba nombrar entre líneas, quizás forzada, quizás anhelante. Mi mente danzaba al compás de tu voz y tus palabras guiaban una noche de auténtico placer. Espejos al fin (excepto por lo genuino de mi bondad, que es sólo mía), sabías por dónde.

Esa noche de desnudez literaria, pude leerte desde la esencia, desde el lugar en que juegan los niños y las aves cantan. No leí más que la naturaleza de un hombre fascinante que me llamaba a descubrirlo. Dispuse mis oídos para ti, para verdades y mentiras.

Se sentía como unión, como afección y efusión; como la música compartida que salía desde algún lugar en lo profundo de uno para llegar a merecedores oídos del otro.

Un día, luego de escucharte nombrar la posibilidad futura de nosotros y de mezclarla bien con otras frases que la alentaban, dejé caer mis armas sobre la mesa.

Elegí creerte y ponerme en las manos de las vidas pasadas y futuras que ya me había inventado contigo. ¡Mi talento para contar historias no tiene límites! Me conté una todavía mejor que la de Francesca da Rímini y Paolo Malatesta.

Me equivoqué y, tras el error, me enrabié de la verdad que era yo en realidad: La fantasía perfecta de un guapo personaje que placera lo prohibido; la constante estimulación intelectual y el camino hacia la excitación sexual; una tentación de amor de artistas, pero imposible como los descritos por Strindberg (como bien lo dijiste).

A estas alturas, ¿cómo estar segura que siendo el Arquitexto que eres, no trazabas cada palabra antes de usarla? Ni premeditabas cada movimiento, para conseguir éxito en tus intenciones.

¿Cómo saber qué número de chica a la que sonreíste con esa coquetería que te queda preciosa, sería yo?

¿Llamarte amor mío cuando pude leerte de prólogo a fin hasta hallar la verdad? “El amor” quería de mí puro ardor en momentos apabullantes pero fugaces…

Estar contigo ha sido el error más memorable cometido en la historia de las Lechugas. Me llevé al fondo, necesitaba sacarme del agujero para recordar mi talento nada inútil en aprender de lo que quema y raspa. Y ahora, aquí afuera, estoy segura que no quiero tropezar con ninguna otra almendra para recordar mi sabor y saber ofrecerlo a quien quiera degustarlo completito.

Seguro que escribirás, (¿escribes?) sobre esto, sobre la que pudo ser una gran historia, pero no llegó a más que uno que otro atisbo de delicias.

No creo en ridículos “hasta nunca/siempre”, pero después de tanto y todo lo que ha sido para mí, no deseo encontrarnos. Eres un hombre peligroso; la distancia es mi cómplice y la soledad, por ahora, mi mejor encofrado.

Yo digo: GRACIAS, por lo compartido de una cabeza a otra; de piel a caricia; de corazón a mente. Ahora sé lo necesario para fracasar hasta excitarme de éxito.

De genio a genio y porque sí, también te quiero, deseo que cada día en la vida recibas un abrazo de amor colosal y, cuando los necesites, besos de liberación.

Me enamoré de ti, de tu espíritu que podía tener cualquier otro nombre y ser, desde allí donde su movimiento crossfitero habla con verdad y la mentira es un artilugio nulo porque no existen necesidades, ni soluciones a problemas, ni lujos, ni usos, ni desusos, sino compañías y existencias que se placen de ser y existir, juntas.

Quizás algún día sepas que el amor es la fuente indiscutible de todo lo cierto.

Un amasijo de enseñanzas desmesuradas y yo,

una Mónica Lechuga ya no dada al catre que

contigo aprendió a querer lo que merecía.

Abrazo de verdades.

Eme Lechuga

Literatura·Relatos

Mascaraje

Al fondo, alegres violines y un teclado hacían sonar La chica de Ipanemaun de Monna Bell. Una copa del exclusivo Oppenheimer blanco apareció frente a mí; bebí hasta la última gota de un sorbo y sin recato. Tres días pretendiendo ser apasionada periodista de negocios habían sido arrolladores.

Horas antes, pensé que sólo en el metro podría sentir tal repugnancia, hasta que allí frente a mí, emergió de la nada Iris Córdoba: –Un verdadero gusto conocerte. Soy manager de Jorge Ramos. Qué bueno que nos acompañen –dijo con voz y sonrisa gruesas, mientras que yo trataba de no mirar demasiado las patas de araña que se le movían a cada parpadeo.

Cargaba en su rostro cerca de tres kilos de maquillaje; dos de sombra morada, negra y verde, y uno de rímel espesamente colocado en sus falsas pestañas. Reía a discreción mientras el rubor anaranjado, como estampado en las mejillas, se embadurnaba con la máscara color carne que tenía sobre la piel. Qué alivio no haber usado maquillaje aquel día, ella ya traía puesto el mío y el de otras dos mujeres, también.

Traté de poner mis ojos no en su falda negra restregada que dejaba ver como su apretada ropa interior le hacía divisiones extrañas en el cuerpo. Con ella, mantener el morbo inerme era hazaña heroica. Logré volar mi vista a otro lugar; sin embargo, a donde quiera hallé lugares inhóspitos para un alma creadora.

Ahí podía hablarse de cualquier cosa, pero no sobre el cándido sueño de convertirme en bailarina, ni sobre la maravilla de leer aquel texto guatemalteco que deleitaba mis días; o contarles sobre el escritor de verdes ojos y hermosa voz que me traía vuelta loca; y mucho menos comentar lo basura que me parecía eso de vivir de vender basura.

Ocultar mi fulgor de siempre era mejor opción, inmersa en un lugar de encuentros hostiles en que todos acostumbraban a ocultar el suyo con ropas caras, joyas, cosmética y conversaciones intrascendentes.

Iris me encajó una mirada como de quien sabe. Tragué un fino bocadillo que cayó como golpe a mi estómago: la soberbia ocupaba mayor espacio en mí del pensado; la verdad en la máscara de aquella mujer me resultaba ofensiva porque ambas estábamos usando una.

Expresando·Literatura·Poesía·Sentires

Honesty is all you got

My heart is knotted,

my mind is friendly

but my soul has been just pushed

at the bottom of the chest.

 

Stop crying, little girl.

Stand up and talk, woman.

Face it.

Say what you feel

with no fear in your leaps.

 

Say that you love him,

even he makes you feel turbulence…

Even though things get blurry when he’s around.

 

Tell the truth, that you know the way he loves

doesn’t seem like the best of loves.

But still, you love him.

Not quite sure what it is, you want it.

And your hope is a stubborn bitch decided to believe in a possibility

and refuses to give up her longing.

 

Be fearless to what you think about yourself

‘cause it’s all right to feel, you’re alive.

It’s all right to feel…

Just don’t forget what you dream.

Don’t forget why you came to this world in the first place.

You came to live… the dreams lodged in your soul.

 

 

 

 

 

Expresando·Poesía·Por El Gusto·Sentires

Ecos que habitan el silencio

Luego de cierto plazo,

todo se reduce a un largo e interminable silencio.

 

Dentro de un mutismo plagado de ecos,

los lamentos se someten a la razón de su dolor,

no se esconden más en bebida tras bebida

ni disimulan su mal con sonrisas maquilladas.

 

Varios días después,

las verdades recrudecen

y el intento de escaparles

es mero suicidio.

 

Las dudas convertidas en certezas,

te miran de frente para gritar sin indulgencia

que los días del pasado son cenizas hace tiempo;

 

que en el espacio que respiras

ya no habita su perfume,

ni sus tarsos bailan suave

al compás de tu mirada.

 

Sabes ahora,

que esos sueños compartidos entre almas,

los que evocas por las noches como indelebles memorias,

meses atrás murieron,

víctimas del gélido gesto de un ser silente

que levantó heladas e inquebrantables murallas.

 

Los párpados sellados

que mantuvieron a los ojos sumergidos en aguda oscuridad,

se abrieron para sentir las heridas que mantuviste bajo llave,

para quemar con la mirada los recuerdos y la nostalgia.

 

Y dejar resplandecer la promesa de un jamás,

como la más sincera y absoluta

que entre ambos pudo existir.

 

 

 

 

 

 

Sentires

Las palabras cortas en la larga entrada que no había dicho aún.

Normalmente puedo sólo escribir sobre cuestiones que me asechan en alguna parte interna, desconocida y sobre todo misteriosa. Generalmente, las disfrazo.  A veces, con palabras extrañas, ambiguas o que poseen múltiples significados. En otras ocasiones utilizo diversas artimañas para no decir de frente y sin tapujos lo que sólo en mis hojas y cuadernos permanece escondido… En ésta ocasión, en que la he mirado tan bella y eterna, como casi todas las noches. Ella, la luna, me ha invitado a ser “solemne valentía”, –como alguna vez dije–. Simplemente, hoy he querido usar la sinceridad que, considero mía en muchos momentos.

Puede ser que las entrañas me lo exijan porque sea la última vez. A lo mejor, las palabras sobre el tema, se hacen cada vez más ligeras e intrascendentes, e inevitablemente pasajeras… No puedo sentir bien la razón, sólo veo la decisión de hacer esto. Y aunque ésta noche pueda ser visible el único peligro que acoge al escritor –ser visto entero y sin disfraz; sin personaje ni máscara–. No importa, porque aquí únicamente perdura, el placer de llevar a cabo una acción que, a tiempos consume y a otros deslumbra.

… Hace rato que he pensado, en todo lo que hemos dejado de ser, en lo que fuimos hace meses que se sienten años. En todo lo que perdimos en muchas ocasiones. En lo poco que ganamos y lo mínimo que nos fue quedando. Duele en el alma o en alguna parte, las cosas que dijimos y más aún las que nos creímos.  Se siente fuerte en el centro de uno mismo, toda esa cantidad de errores cometidos, porque no hay vuelta atrás, como sucede con la irremediable muerte.

¡Ufff! Añoranza, añoranza de todo, de ayer, ¿de qué? ¿Qué es ayer?, ¿qué fue ayer?, ¿quién fue ayer? Ayer no existe, desde hace tiempo. ¿Tiempo? No hay ayer, ni mañana; no hay tarde ni noche, ni día; no hay futuro encuentro ni presencia ideal; no hay tú y yo. Porque son palabras, términos abstractos que nada determinan. Si tan sólo comprendiéramos que somos unos: “unos” con el día, “unos” con la noche, “unos” con el tiempo. Si hubiéramos sido “unos”…

Es triste ver que ya no te miro, es triste no escucharte, ni tampoco leerte… es triste saberte de otras y otros, pero no más de mí. Es triste escucharte como voz lejana a la distancia, que se pierde en el viento, que se va con el tiempo… Pero de todo, lo que causa más pena, es darse cuenta de que este es el mejor modo. Saber que sonríes aún más en mi ausencia que en mi presencia, sin intención macabra, en forma natural. Y pensar que yo también pueda hacerlo, es una cuestión drástica. Tanto, en el sentido en el que uno se alegra porque el otro está bien a lo lejos, cuando nunca se supuso de ese modo.

Los recuerdos vienen y abruman. Y me abrazan y me gritan tu nombre en los oídos. Y sólo veo imágenes, películas grabadas en una cinta indeleble. Ahí estamos en todos esos lugares con todas esas personas, ahí estamos, ¿estábamos? De momento todo aquello puede tornarse algo falso… con el paso del tiempo la mente, puede mentir bastante.

Ya es difícil para mí hablar así, aún lo es más preguntarme sobre el “amor” –como suele sucederme–. Añoranza en el ancho y estruendoso cuerpo de la palabra, sólo eso. Sólo vagar por el desierto, entre dunas con la luna en el techo. No tan solo, con serpientes, alacranes y algunos cactus espinosos por ahí. ¿Amor? ¿Desamor? Unicamente motivos para escribir bellas canciones. Música tan honesta como el arte mismo, imposible de falsas expresiones porque es momentáneo, cómo esto, como esta noche… como ésta luna inmensa en el cielo que me orilló a pronunciar cada letra y formar las palabras precisas y las frases a las que, ya en la recta final, les temo un poco…

-Ocasión única-