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Honesty is all you got

My heart is knotted,

my mind is friendly

but my soul has been just pushed

at the bottom of the chest.

 

Stop crying, little girl.

Stand up and talk, woman.

Face it.

Say what you feel

with no fear in your leaps.

 

Say that you love him,

even he makes you feel turbulence…

Even though things get blurry when he’s around.

 

Tell the truth, that you know the way he loves

doesn’t seem like the best of loves.

But still, you love him.

Not quite sure what it is, you want it.

And your hope is a stubborn bitch decided to believe in a possibility

and refuses to give up her longing.

 

Be fearless to what you think about yourself

‘cause it’s all right to feel, you’re alive.

It’s all right to feel…

Just don’t forget what you dream.

Don’t forget why you came to this world in the first place.

You came to live… the dreams lodged in your soul.

 

 

 

 

 

Ecos que habitan el silencio

Luego de cierto plazo,

todo se reduce a un largo e interminable silencio.

 

Dentro de un mutismo plagado de ecos,

los lamentos se someten a la razón de su dolor,

no se esconden más en bebida tras bebida

ni disimulan su mal con sonrisas maquilladas.

 

Varios días después,

las verdades recrudecen

y el intento de escaparles

es mero suicidio.

 

Las dudas convertidas en certezas,

te miran de frente para gritar sin indulgencia

que los días del pasado son cenizas hace tiempo;

 

que en el espacio que respiras

ya no habita su perfume,

ni sus tarsos bailan suave

al compás de tu mirada.

 

Sabes ahora,

que esos sueños compartidos entre almas,

los que evocas por las noches como indelebles memorias,

meses atrás murieron,

víctimas del gélido gesto de un ser silente

que levantó heladas e inquebrantables murallas.

 

Los párpados sellados

que mantuvieron a los ojos sumergidos en aguda oscuridad,

se abrieron para sentir las heridas que mantuviste bajo llave,

para quemar con la mirada los recuerdos y la nostalgia.

 

Y dejar resplandecer la promesa de un jamás,

como la más sincera y absoluta

que entre ambos pudo existir.

 

 

 

 

 

 

Las palabras cortas en la larga entrada que no había dicho aún.

Normalmente puedo sólo escribir sobre cuestiones que me asechan en alguna parte interna, desconocida y sobre todo misteriosa. Generalmente, las disfrazo.  A veces, con palabras extrañas, ambiguas o que poseen múltiples significados. En otras ocasiones utilizo diversas artimañas para no decir de frente y sin tapujos lo que sólo en mis hojas y cuadernos permanece escondido… En ésta ocasión, en que la he mirado tan bella y eterna, como casi todas las noches. Ella, la luna, me ha invitado a ser “solemne valentía”, –como alguna vez dije–. Simplemente, hoy he querido usar la sinceridad que, considero mía en muchos momentos.

Puede ser que las entrañas me lo exijan porque sea la última vez. A lo mejor, las palabras sobre el tema, se hacen cada vez más ligeras e intrascendentes, e inevitablemente pasajeras… No puedo sentir bien la razón, sólo veo la decisión de hacer esto. Y aunque ésta noche pueda ser visible el único peligro que acoge al escritor –ser visto entero y sin disfraz; sin personaje ni máscara–. No importa, porque aquí únicamente perdura, el placer de llevar a cabo una acción que, a tiempos consume y a otros deslumbra.

… Hace rato que he pensado, en todo lo que hemos dejado de ser, en lo que fuimos hace meses que se sienten años. En todo lo que perdimos en muchas ocasiones. En lo poco que ganamos y lo mínimo que nos fue quedando. Duele en el alma o en alguna parte, las cosas que dijimos y más aún las que nos creímos.  Se siente fuerte en el centro de uno mismo, toda esa cantidad de errores cometidos, porque no hay vuelta atrás, como sucede con la irremediable muerte.

¡Ufff! Añoranza, añoranza de todo, de ayer, ¿de qué? ¿Qué es ayer?, ¿qué fue ayer?, ¿quién fue ayer? Ayer no existe, desde hace tiempo. ¿Tiempo? No hay ayer, ni mañana; no hay tarde ni noche, ni día; no hay futuro encuentro ni presencia ideal; no hay tú y yo. Porque son palabras, términos abstractos que nada determinan. Si tan sólo comprendiéramos que somos unos: “unos” con el día, “unos” con la noche, “unos” con el tiempo. Si hubiéramos sido “unos”…

Es triste ver que ya no te miro, es triste no escucharte, ni tampoco leerte… es triste saberte de otras y otros, pero no más de mí. Es triste escucharte como voz lejana a la distancia, que se pierde en el viento, que se va con el tiempo… Pero de todo, lo que causa más pena, es darse cuenta de que este es el mejor modo. Saber que sonríes aún más en mi ausencia que en mi presencia, sin intención macabra, en forma natural. Y pensar que yo también pueda hacerlo, es una cuestión drástica. Tanto, en el sentido en el que uno se alegra porque el otro está bien a lo lejos, cuando nunca se supuso de ese modo.

Los recuerdos vienen y abruman. Y me abrazan y me gritan tu nombre en los oídos. Y sólo veo imágenes, películas grabadas en una cinta indeleble. Ahí estamos en todos esos lugares con todas esas personas, ahí estamos, ¿estábamos? De momento todo aquello puede tornarse algo falso… con el paso del tiempo la mente, puede mentir bastante.

Ya es difícil para mí hablar así, aún lo es más preguntarme sobre el “amor” –como suele sucederme–. Añoranza en el ancho y estruendoso cuerpo de la palabra, sólo eso. Sólo vagar por el desierto, entre dunas con la luna en el techo. No tan solo, con serpientes, alacranes y algunos cactus espinosos por ahí. ¿Amor? ¿Desamor? Unicamente motivos para escribir bellas canciones. Música tan honesta como el arte mismo, imposible de falsas expresiones porque es momentáneo, cómo esto, como esta noche… como ésta luna inmensa en el cielo que me orilló a pronunciar cada letra y formar las palabras precisas y las frases a las que, ya en la recta final, les temo un poco…

-Ocasión única-