Literatura·Poesía·Por El Gusto

Inmortalidad segundera

Las palabras que vienen son pobres, insuficientes;

porque el centro del universo sulfura en mi vientre,
hierve hasta llegar a mi pecho en un palpitar de dos que no dejan de serlo y al tiempo se vuelven unísona respiración y movimientos entre cortados.

Dos cuerpos se tocan y calcinan cualquier pensamiento. Charlan dos caderas adormiladas,
como serpientes danzantes al ritmo de seductora melodía de flauta… Su ritmo rompe cadenas milenarias.

Los dedos se hunden hasta tocar profundidades álmicas, entrando por profuzas cavidades para llegar al más sensible de los pudores.

Convergen los tiempos en uno solo, un instante en que los seres yacen sin mente en un aquí y ahora marcado por saliva y caricias;

El inclemente pasar del tiempo se detiene, plumas sobre una cama acompañan el ritmo del reloj, que ahora se rige por gemidos de pieles y gargantas de hombre y mujer que se erizan al descubrir en un acto simple y terrenal que, tan sólo por unos segundos, rozaron a Dios, alcanzaron la inmortalidad.

Literatura·Poesía·Sentires

La voz del cuerpo

Que las palabras antes pronunciadas,

las hable ahora el cuerpo.

Con sola presencia y lúcida danza,

que grite desbocado

lo que calló durante meses nebulosos.

 

Que dibujen los cuerpos

figuras en la oscuridad,

y palabra con movimiento tomen lugar

juntos en la habitación soñada.

 

Mil sueños se realicen esta noche

a ritmo suave y ceñido,

caminando hacia lo profundo

en la caverna donde crecen inefables deseos.

 

Que converjan los tiempos en uno sólo…

Explotar de cascabeles y campanillas,

entre lenguas que paladean

el vaivén salado de exquisitas mareas.