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Mujer inmortal

Cuando ella muera, no morirá.

Se quedará en las personas

que bebieron el corazón del kakaw

mezclado y entregado por sus manos…

Tragos sagrados de aquella noche

que abrieron puertas ancestrales

y los ojos del alma de quienes se sentaron

dispuestos en el círculo de amor.

Cuando ella muera, no morirá.

Se quedará en las voces que cantaron su tristeza,

arrojaron la rabia al fuego y bailaron la felicidad.

Cuando el espíritu renace,

vida se suma al presente.

*Dedicado a una gran mujer que eligió el arduo camino de la consciencia*

Cantos ligeros que se evaporan al ritmo de las olas

Sueños desinflados de soñadores cansados, atados a sus sillas, con los pies incrustados al suelo…

Parcelas de aves sudorosas que se bañan en un lago traslúcido;

palmeras deshilachadas, como mares que se separan en tantas filas como pueden.

Y luego la mira y se encuentra, centellares de luces estallan y el fuego que los habita explota al aire.

Los dioses lo miran con aire venturoso… Atisba el calor en sus ojos. La charla desaparece, sólo son dos cuerpos flotando, sin pesares ni pensares que azoten su sentir, sin pizca o muesca del dolor que antes hubo.

 

Vibración etérea,

de lo que los ojos no pueden ver,

de lo que el cuerpo no puede disfrazar.

 

Hay pausas silenciosas y luego el estruendo, los rayos que azotan ciudades enteras…

Navegantes que se pierden felices en sus aguas,

cantando, pasajeros de un barco inusual que nada busca

y, sin embargo, encuentra.

La vida encicla naturalmente, todo empieza como termina y todo termina por empezar.

Lo que he visto hoy…

“Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía” (Octavio Paz, 1950).

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He visto la muerte más de un par de veces. La he sentido merodeando entre nosotros; en reuniones casuales, fiestas, viajes o simples lugares. La he visto en personas, animales o cualquier clase de ser vivo. Por supuesto no me refiero a la “tilica”, no hablo “a la mexicana” de lo que en realidad significa dejar de estar vivo.

Ésta vez, la he visto en la mirada de un chico, alguien cercano a mis emociones y un tanto apegado  a mis años de vida… La vi en su rostro mientras le delineó los labios de un tono oscuro, la olí mientras respiré ese extraño aroma que el despedía. La sentí cuando toque su brazo casi de puro hueso. He visto  a la muerte reflejada en los ojos de aquél ser que posee alma de niño. Nadie tuvo que decírmelo, lo noté cuando su mirada se perdía en algún lugar desconocido para todos los presentes en el lugar.

Todos han podido percibir lo mismo, saben lo que viene, saben lo que miran, sus sentidos no mienten ésta vez. Pero, no es importante, porque “debemos tener Fe”, porque es duro pensar lo contrario, podrías salir juzgado como el peor ser humano conocido en la faz de la tierra. En estos casos, es difícil decidir. Elegir una postura podría condenarte el alma hasta el último de tus días. Y más allá de tanto pensar, en el único en quién debería pensarse, es en él. Tal vez no estaría mal, permitirle una opinión. Ya que, siendo el caso, debería ser la única importante. Y ya después de escucharme, lo entiendo, sí, lo sé: qué ilusiones tengo en la cabeza, olvido que no todo ser humano se ha humanizado, no todo ser humano tiene el valor de sentir empatía, de dejarse a un lado y olvidar el egoísmo que día a día le consume. Olvido que hoy en día, difícilmente alguien se atrevería a sentir.

Hoy he dedicado estas líneas a ese ser especial que se encuentra lejos de la paz. Hoy un frío terrible me abraza, pero no más de lo que a él. Quizás él no lo sepa, quizá lo sabe bien. Sólo espero por él, que pronto sus ojos dejen de mostrar aquella terrible imagen. Sólo pido que la vida sea “justa” única y exclusivamente para él.