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Siempre fue así

Con esta carta me despido de ti.

No quiero poner culpas, ni sensaciones oscuras en este texto… Sé que no tengo la capacidad para detener tus sueños, para atarte o cortar tus alas, pero puedo contribuir a que las guardes, a que no quieras usarlas, del mismo modo en que podrías hacerlo conmigo.

Por eso te escribo esto, porque hoy me siento ligeramente más consciente de lo que es el amor, como nunca lo había experimentado. Han sido días de golpe tras golpe, de caída tras caída, porque el alma sabe lo que busca, sabe hacia donde no va.

Es cierto, somos seres libres… Hoy quiero dejarte en libertad, aunque jamás has sido mío, pero mi cabeza se convenció de eso y también me libero de ti.

Si quieres viajar, bailar, ir, venir, hacer o deshacer, hazlo. Yo haré lo mismo. Voy a decírtelo, voy a contártelo, porque eres importante para mí y espero eso mismo. Pero no intentaré detenerte ni voy a detenerme. Si tu sueños están lejos de mí, ve por ellos, quizás yo esté aquí cuando vuelvas, quizás no, pero tus sueños son sólo tuyos, igual que los míos.

Prefiero que vueles y que vivas porque la vida es tuya, así como yo prefiero vivir y volar porque la vida es mía.

Ojalá hubiera sentido esto antes, antes de que nos separáramos irremediablemente.

 

 

Sin ella

No te toco,
mis brazos acarician tu recuerdo,
ondean como bandera al compás del viento, 
pero no te alcanzan aún.

 

Añoranza de desdoblar el alma,

con un vuelco de emociones 

llenas de creencias inexorables,
que arremeten contra

la templanza mal pescada.

 

Danza, danza, danza…

que no vuelves a mis pies ni manos…

 Si te miran, estos ojos todavía destellan.

Te has quedado dentro,

palpitando una sonata infinita de delirio, 

de ilusión que aguarda ansiosa,

para probar de nuevo

la deliciosa duela que me rozará los metatarsos.

 

Retorna el movimiento libre del alma,

entrégame la música que correrá por mis oídos como agua viva de río,

que golpea el cuerpo,
que recuerda y olvida,

un abrazo denso, certera entrega de ser al ser.

Al diablo

Al diablo

Mirando mis absurdas ideas
y la caravana ardiente de emociones que me rodean,
tomará la carta de la concordia
para encontrar de frente la crudeza de un alma desnuda
que hierve en candores y cánticos prohibidos.

Que hable, que pruebe mi osadía.
Que tome por olvidada mi sensatez
y dé la bienvenida a mi locura,
a la posesión de mis ideas menos cautas.

Que diga, que no calle.
Que su mofa sea por el breve tiempo,
por el espacio largo y por mi corta vida.

Que observe cuidadosa las zancadas de niño que esta noche doy para llegar a tu puerta.
Entraré meneando la cola
y tarde o temorano me darás una sonrisa,
sólo hasta entonces habré ganado.