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Honesty is all you got

My heart is knotted,

my mind is friendly

but my soul has been just pushed

at the bottom of the chest.

 

Stop crying, little girl.

Stand up and talk, woman.

Face it.

Say what you feel

with no fear in your leaps.

 

Say that you love him,

even he makes you feel turbulence…

Even though things get blurry when he’s around.

 

Tell the truth, that you know the way he loves

doesn’t seem like the best of loves.

But still, you love him.

Not quite sure what it is, you want it.

And your hope is a stubborn bitch decided to believe in a possibility

and refuses to give up her longing.

 

Be fearless to what you think about yourself

‘cause it’s all right to feel, you’re alive.

It’s all right to feel…

Just don’t forget what you dream.

Don’t forget why you came to this world in the first place.

You came to live… the dreams lodged in your soul.

 

 

 

 

 

Ojalá pudiera escribir

He perdido la poesía.

Me abandonó de nuevo y,

quizá esta vez no vuelva.

 

No dijo adiós.

Sólo dejó de venir a mi mano,

dejó de presentarse como cura al daño.

 

Las palabras permanecen en silencio,

sin retórica ni rima que combine

sensaciones y sonidos con palabras.

 

Como si las frases no quisieran

venir a verme en este vacío inapelable.

Cómo si la lírica se hubiera escapado

por el agujero que traigo en el pecho,

ese que, desde hace rato, parece y no estar,

pero que en noches grita que lo escuche

para mostrarme las grietas que la última sacudida dejó.

 

Ese hueco que recuerda la esencia de la vida

y que se hace visible en noches cómo esta,

en que un poema me vuelve a acompañar.

El porqué de la “locura aparente”

He aquí las razones más sinceras… Y el porqué de mi “locura aparente”

Porque todos los que somos seres humanizados, somos iguales. Igual sientes tú, que el que vive en La Sierra. Igual llora la niña quechua que la hija de mi hermana. También sangran mis ojos ─aunque no igual que los de su madre─, cuando muere el niño desnutrido. Ella llora por la pérdida, la impotencia y el dolor de la ausencia de su pequeño. Yo, por el tamaño de la inclemencia.

Porque hay en mí una cosa más fuerte que cualquier sentimiento, que cualquier catástrofe. Está ahí, siempre dentro, empujando a la orilla, a perder el miedo. Induciendo a lanzarme al vacío. A flotar entre nubes hasta mirar las estrellas a un costado. Algo interno sólo mío que vive y da vida. Anula todo alrededor, borra mis pensamientos y atiza mis emociones. Me seduce, me domina, me hace suya y no me defiendo. A veces me tortura, me asusta. Porque me lleva a mis más obscuros rincones, pero es cuestión vital. La escritura me complementa, me armoniza. Con ella, la vida no se extingue, uno vive a través de sus obras y se transmite de persona a persona.

Porque hay historias por todos lados. Historias calladas que merecen ser contadas y escuchadas. Por eso escribo, porque soy la voz en letras de los que no dijeron, ni dicen nada. Soy las palabras no pronunciadas por el temor. Soy las imágenes vistas por ojos que no eran los míos. Y todas esas emociones guardadas que pasaron por el cuerpo de los mudos con capacidades físicas completas.

Porque aún hay mucho por hacer. Hay mucho mal que revertir. Si usamos la consciencia y nos unimos, la diferencia es factible. El monstruo es grande y casi indestructible. Pero en ese “casi” recae la esperanza. Y creo, fervientemente en que puede haber cambios importantes si así lo creemos, sentimos y vivimos. Somos más poderosos de lo que sabemos. Tenemos dentro un ser inmenso, una fuerza que asusta y herramientas que desconocemos tanto.

No me importa si soy la única o si somos 4 o 10. No me importa ser distinta o ser la incomodidad de varios. No me interesa si lo que hago pareciera inútil, inservible, iluso, inocente. Porque estoy a favor de mis causas y de las razones que he elegido como mi destino. Me importa el cambio, lo que me hace diferente a los ciegos de consciencia, tener siempre luz en mi camino, aunque éste sea obscuro.