Consciencia·Expresando·Poesía·Por El Gusto

Filantropía

A veces, creo que el espacio se llena con sensaciones rugosas…

Que la carencia de expresiones saludables en los días,

atrapa el músculo y atrofia cualquier sentimiento que pudiera llegar a la pureza.

Si decides quedarte, adelante.

Pero no repruebes, no reproches con tus actos

hasta consumir al mínimo la mágica proeza filial.

Si se cultivó la oscura semilla en erradas y desolladas noches,

no permitas que germinen, que se las trague la tierra

y que haga con ellas lo que deba…

No las conserves tú, si a mi lado permaneces,

porque será irremediable la cárcel en que viviremos,

y aún somos las alas que la libertad nos dio.

Si decides quedarte, cuando la bondad asome su rostro,

mírala con franqueza y recibe de ella,

la fragosa compasión que abrace tu dolor

e incinere el negro llanto que de tus ojos sigue goteando.

No soy la causa de tu desamor,

si lo soy, será momento de partir.

Soy la risa del espíritu y las llaves de la puerta cercana al cielo.

Si me convierto en lo contrario, sin remedio,

tomaré el siguiente vuelo.

Sentires

Las palabras cortas en la larga entrada que no había dicho aún.

Normalmente puedo sólo escribir sobre cuestiones que me asechan en alguna parte interna, desconocida y sobre todo misteriosa. Generalmente, las disfrazo.  A veces, con palabras extrañas, ambiguas o que poseen múltiples significados. En otras ocasiones utilizo diversas artimañas para no decir de frente y sin tapujos lo que sólo en mis hojas y cuadernos permanece escondido… En ésta ocasión, en que la he mirado tan bella y eterna, como casi todas las noches. Ella, la luna, me ha invitado a ser “solemne valentía”, –como alguna vez dije–. Simplemente, hoy he querido usar la sinceridad que, considero mía en muchos momentos.

Puede ser que las entrañas me lo exijan porque sea la última vez. A lo mejor, las palabras sobre el tema, se hacen cada vez más ligeras e intrascendentes, e inevitablemente pasajeras… No puedo sentir bien la razón, sólo veo la decisión de hacer esto. Y aunque ésta noche pueda ser visible el único peligro que acoge al escritor –ser visto entero y sin disfraz; sin personaje ni máscara–. No importa, porque aquí únicamente perdura, el placer de llevar a cabo una acción que, a tiempos consume y a otros deslumbra.

… Hace rato que he pensado, en todo lo que hemos dejado de ser, en lo que fuimos hace meses que se sienten años. En todo lo que perdimos en muchas ocasiones. En lo poco que ganamos y lo mínimo que nos fue quedando. Duele en el alma o en alguna parte, las cosas que dijimos y más aún las que nos creímos.  Se siente fuerte en el centro de uno mismo, toda esa cantidad de errores cometidos, porque no hay vuelta atrás, como sucede con la irremediable muerte.

¡Ufff! Añoranza, añoranza de todo, de ayer, ¿de qué? ¿Qué es ayer?, ¿qué fue ayer?, ¿quién fue ayer? Ayer no existe, desde hace tiempo. ¿Tiempo? No hay ayer, ni mañana; no hay tarde ni noche, ni día; no hay futuro encuentro ni presencia ideal; no hay tú y yo. Porque son palabras, términos abstractos que nada determinan. Si tan sólo comprendiéramos que somos unos: “unos” con el día, “unos” con la noche, “unos” con el tiempo. Si hubiéramos sido “unos”…

Es triste ver que ya no te miro, es triste no escucharte, ni tampoco leerte… es triste saberte de otras y otros, pero no más de mí. Es triste escucharte como voz lejana a la distancia, que se pierde en el viento, que se va con el tiempo… Pero de todo, lo que causa más pena, es darse cuenta de que este es el mejor modo. Saber que sonríes aún más en mi ausencia que en mi presencia, sin intención macabra, en forma natural. Y pensar que yo también pueda hacerlo, es una cuestión drástica. Tanto, en el sentido en el que uno se alegra porque el otro está bien a lo lejos, cuando nunca se supuso de ese modo.

Los recuerdos vienen y abruman. Y me abrazan y me gritan tu nombre en los oídos. Y sólo veo imágenes, películas grabadas en una cinta indeleble. Ahí estamos en todos esos lugares con todas esas personas, ahí estamos, ¿estábamos? De momento todo aquello puede tornarse algo falso… con el paso del tiempo la mente, puede mentir bastante.

Ya es difícil para mí hablar así, aún lo es más preguntarme sobre el “amor” –como suele sucederme–. Añoranza en el ancho y estruendoso cuerpo de la palabra, sólo eso. Sólo vagar por el desierto, entre dunas con la luna en el techo. No tan solo, con serpientes, alacranes y algunos cactus espinosos por ahí. ¿Amor? ¿Desamor? Unicamente motivos para escribir bellas canciones. Música tan honesta como el arte mismo, imposible de falsas expresiones porque es momentáneo, cómo esto, como esta noche… como ésta luna inmensa en el cielo que me orilló a pronunciar cada letra y formar las palabras precisas y las frases a las que, ya en la recta final, les temo un poco…

-Ocasión única-