Expresando·Literatura

Que no se me duerma la vida

Cuando se me duerme la creatividad,

de algún modo,

también se me duerme la vida.

Me vuelvo aburrida, dramática, sobre todo.

La clave está en no perderla,

en no soltarle la mano

porque en ella vive la resiliencia.

En mantenerla despierta

para que salpique con ideas

y nuevas estrategias de salvación a todo mundo,

a mí, particularmente.

“¿Eres poeta o drama…” turga?

A veces ambas.

La vida no es lo que esperas, nunca.

Es vida y ya, a secas (y de seca tiene muy poco).

Los agnósticos dicen que nada en Dios tiene sentido.

Que no hay un más allá que el más acá

que no se parece a otra cosa que la vida agria y terrenal.

No es cierto.

Todo tiene sentido en ella

cuando la miras a los ojos y, en este preciso instante, te ha sonreído.

Cuando tus piernas siguen dando pasos

y tus manos contando historias,

y tu corazón escribiendo poemas y dramas.

Pasa que se nos durmió el instinto.

Los otros animales no padecen de estos problemas de la mente;

de la existencial duda de ser o no ser;

ni del por qué así y no asado;

o del por qué ya no me quiere

si antes me amó desenfundada-mente.

Creemos que somos más de lo que somos.

No somos dioses, sí humanos.

Parte de un todo creado por el dios de la casualidad

o del azar, o por el de la física o el de la biología;

seres evolucionados, al fin, por razones que no elegimos.

Elegimos hoy y nada más.

Yo elijo escribir y, ahora mismo, bailar.

Literatura·Poesía·Por El Gusto·Sentires

Sin palabras

¿Por qué no me besas con desaforo,

por qué no me quemas con el fuego incendiario de los primeros días?

¿Acaso he sido yo el ahogo de tu desmedido amor,

o el sofoco de tu prolongada paciencia y tu gratitud infinita?

 

Deja mis inmadureces cargadas al infierno,

súbeme al cielo que tocas con el grato gesto de tu rostro.

Salva mis entrañas del fiero devorar

de mis baratas e inacabables ideas.

 

Ámame con desmesura,

olvida las palabras cerriles pronunciadas.

Toma mis manos con el clamor de una mañana tibia,

borra de tus ojos, de tus oídos, de tu cuerpo,

las punzantes líneas que expulsó mi boca en noche desafortunada.

 

O bien, vete si te place,

ve a donde respires la alegría en el viento,

a donde dancen tus pies con pasión y no gracias al oprobio de las lágrimas…

Vete si ahora ocupas un lugar que te consume la felicidad

cual vela expuesta a un constante flamear.

 

Por estos ojos, yo hablaría para pedirte que insistas,

que no desgajes las pasiones nuestras,

que no nos duermas en el olvido pesaroso de un jamás.

Que estalles frente a mí

con todos los dientes de la rabia, si es preciso para la lucha.

Que avasalles los tropiezos con arduas sacudidas,

por ti, por mí, por nosotros;

por los días que se fueron y por los que vienen.

Si tu voluntad y tu aliento me aclaman con inagotable gana,

quédate sentado a lado mío, aunque seas críptico silencio…

Tu cuerpo, siempre ha dicho más que tus palabras.

El beso del ayuntamiento, París, 1990.  Atelier Robert Doisneau
El beso del ayuntamiento, París, 1990.
Atelier Robert Doisneau
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Van Gogh es descubierto

Bajo la noche estrellada, él suelta delicadas pinceladas. De sus muñecas brotan tonalidades propias de la naturaleza que empapan la desabrida tela. A cada trazo, Vincent Van Gogh lucha por plasmar lo que su mente dibuja. Lienzos, matices y exhaustivos intentos que no encuentran el éxito.

El joven hombre, se levanta del banco y dando la espalda a la imagen que ahora lo perturba, bebe hasta la última gota de su copa. Desesperado ante el fracaso, jala con sus manos los cortos mechones de su cabellera rojiza. Abandona la sala. Se dirige a la recámara enloquecido de rabia. Mira al espejo, con las pupilas secas y una mórbida expresión en el rostro, toma su oreja, la estira y la suelta. Se dirige a su cama, un vuelco en sus entrañas lo acosa durante la noche… silencio sempiterno y luego, su grito más punzante retumbando en todo Arles.

La luz del día se interna en el cuarto, Van Gogh se levanta con el anhelo ferviente de haber sólo soñado. Se desbarata al contemplar la obra terminada que ya no cambiará. ¡Theo! Piensa mientras corre hacía su escritorio para comenzar a escribir: febrero 14, 1888… Theo, he decidido obsequiártelo porque no ha sido de mi agrado, no puedo lograr… Como sea, puedes tenerlo tú, me recuerda a ti…

 

Oculta, detrás de muebles y ropa amontonada en el desván. Ahí sola y abandonada desde hace tiempo, muestra una de las esquinas de su cuerpo a Louis Van Tilborgh, el investigador termina de desnudarla y la revela radiante: “Puesta de Sol en Montmajour“, es encontrada en la desván de una casa en París, después de 125 años de haber sido pintada.

Vincent Van Gogh
Vincent Van Gogh
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Me consume

Ya sé que te has ido, que no volverás,

te he alejado sin pensarlo.

Tus palabras ahora son silencios inagotables

y mis recuerdos tuyos se humedecen

como papel entre las olas del mar.

Cómo quema el hilarante hueco incandescente

porque ahora no habrá del que eres.

 Mis lágrimas van a ningún lugar,

mis ojos sufren, mis labios te quieren,

mi cuerpo entero te llama pero no escuchas,

eres sordo en el infinito en que estás.

 El dolor carcome mis entrañas

como escuálidos gusanos,

incansables roedores de mis adentros.