Cartas·Literatura·Relatos

Mucha dignidad en conocerte

Hoy me detuve en uno de esos puestos de lectura del Metro y entre muchos parecidos, elegí el libro que más me llamó. Por pelado azar me encontré con la poesía del que llamas “MyLove”: Alí Chumacero.

Te pensé… Recordé esa mágica noche de abrazos de piernas en que sacaste de tu mochila un libro que tenía como promesa: apabullarme (la misma noche que me hablaste sobre la llave del deseo). Leías a tu escritor predilecto a diestra y siniestra, sin piedad; mientras que yo me revolcaba en fantasías sobre nuestras futuras aventuras como amantes de las letras que se dan todo el amor.

Me escuchaba nombrar entre líneas, quizás forzada, quizás anhelante. Mi mente danzaba al compás de tu voz y tus palabras guiaban una noche de auténtico placer. Espejos al fin (excepto por lo genuino de mi bondad, que es sólo mía), sabías por dónde.

Esa noche de desnudez literaria, pude leerte desde la esencia, desde el lugar en que juegan los niños y las aves cantan. No leí más que la naturaleza de un hombre fascinante que me llamaba a descubrirlo. Dispuse mis oídos para ti, para verdades y mentiras.

Se sentía como unión, como afección y efusión; como la música compartida que salía desde algún lugar en lo profundo de uno para llegar a merecedores oídos del otro.

Un día, luego de escucharte nombrar la posibilidad futura de nosotros y de mezclarla bien con otras frases que la alentaban, dejé caer mis armas sobre la mesa.

Elegí creerte y ponerme en las manos de las vidas pasadas y futuras que ya me había inventado contigo. ¡Mi talento para contar historias no tiene límites! Me conté una todavía mejor que la de Francesca da Rímini y Paolo Malatesta.

Me equivoqué y, tras el error, me enrabié de la verdad que era yo en realidad: La fantasía perfecta de un guapo personaje que placera lo prohibido; la constante estimulación intelectual y el camino hacia la excitación sexual; una tentación de amor de artistas, pero imposible como los descritos por Strindberg (como bien lo dijiste).

A estas alturas, ¿cómo estar segura que siendo el Arquitexto que eres, no trazabas cada palabra antes de usarla? Ni premeditabas cada movimiento, para conseguir éxito en tus intenciones.

¿Cómo saber qué número de chica a la que sonreíste con esa coquetería que te queda preciosa, sería yo?

¿Llamarte amor mío cuando pude leerte de prólogo a fin hasta hallar la verdad? “El amor” quería de mí puro ardor en momentos apabullantes pero fugaces…

Estar contigo ha sido el error más memorable cometido en la historia de las Lechugas. Me llevé al fondo, necesitaba sacarme del agujero para recordar mi talento nada inútil en aprender de lo que quema y raspa. Y ahora, aquí afuera, estoy segura que no quiero tropezar con ninguna otra almendra para recordar mi sabor y saber ofrecerlo a quien quiera degustarlo completito.

Seguro que escribirás, (¿escribes?) sobre esto, sobre la que pudo ser una gran historia, pero no llegó a más que uno que otro atisbo de delicias.

No creo en ridículos “hasta nunca/siempre”, pero después de tanto y todo lo que ha sido para mí, no deseo encontrarnos. Eres un hombre peligroso; la distancia es mi cómplice y la soledad, por ahora, mi mejor encofrado.

Yo digo: GRACIAS, por lo compartido de una cabeza a otra; de piel a caricia; de corazón a mente. Ahora sé lo necesario para fracasar hasta excitarme de éxito.

De genio a genio y porque sí, también te quiero, deseo que cada día en la vida recibas un abrazo de amor colosal y, cuando los necesites, besos de liberación.

Me enamoré de ti, de tu espíritu que podía tener cualquier otro nombre y ser, desde allí donde su movimiento crossfitero habla con verdad y la mentira es un artilugio nulo porque no existen necesidades, ni soluciones a problemas, ni lujos, ni usos, ni desusos, sino compañías y existencias que se placen de ser y existir, juntas.

Quizás algún día sepas que el amor es la fuente indiscutible de todo lo cierto.

Un amasijo de enseñanzas desmesuradas y yo,

una Mónica Lechuga ya no dada al catre que

contigo aprendió a querer lo que merecía.

Abrazo de verdades.

Eme Lechuga

Consciencia·Poesía·Sentires

Mujer inmortal

Cuando ella muera, no morirá.

Se quedará en las personas

que bebieron el corazón del kakaw

mezclado y entregado por sus manos…

Tragos sagrados de aquella noche

que abrieron puertas ancestrales

y los ojos del alma de quienes se sentaron

dispuestos en el círculo de amor.

Cuando ella muera, no morirá.

Se quedará en las voces que cantaron su tristeza,

arrojaron la rabia al fuego y bailaron la felicidad.

Cuando el espíritu renace,

vida se suma al presente.

*Dedicado a una gran mujer que eligió el arduo camino de la consciencia*

Consciencia·Expresando·Literatura·Poesía·Sentires

Una mujer es una mujer

Decenas de mujeres yendo al mar…

Desnudas, viajan bailando entre las olas,

mientras las estrellas acarician luminosas su fragilidad.

 

Palpita en el corazón de cada una,

la melodía de historias silenciadas

que trenes les dejaron atadas al pecho.

 

Estrellas son porque en lo alto destellan,

sin saber que iluminan lo que tocan,

sin conocer su propio brillo,

porque ocurre naturalmente.

Sin notar siquiera que noche a noche

abrazan con su manto el globo que millones de seres habitan.

 

Hermosas mujeres,

únicas como ninguna otra,

en su interior llevan su vida y la de otros seres igual de bellos.

 

Mujeres son y no lo saben, porque pasa que naturalmente lo son.

 

Sutilmente, gimen placerosas con los pezones erizados;

luego enrabian y gritan al cielo;

y sueñan y viven sintiendo

que el corazón les palpita desde el centro a las caderas,

hacia las piernas y de regreso a la cabeza…

 

Estoy hablándote a ti mujer que eres yo,

porque no sé que lo soy, porque no sabes que lo eres;

tantas veces me vuelvo ciega,

al tomar la imagen de ojos de tantos otros,

soy ellos y no yo…

 

Por eso te hablo a ti, mujer

porque en tus ojos miro lo que siento,

que te duele nuestra historia

y esa transparencia lacerante que nos ha acompañado durante siglos.

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Consciencia·Expresando·Sentires

Vida y muerte

En estos días corren por mis venas vida y muerte.

Hay tiempos de pena insondable, de lágrimas silenciosas que sólo yo escucho.

De lamentos incansables, pensamientos abruptos en contra mía, en favor de él… Hay tetra-realidades que confunden hasta la médula del inconsciente; trozos diminutos de un pasado que ya termina de olvidarse.

Otras veces, encuentro sonrisas hasta en los charcos más repulsivos; las caras llenas de mocos de los inocentes traen consigo la esperanza.

Unos días me siento hija de esta madre Tierra, luego me siento hija del frío ser, ajeno a este planeta, dueño de los universos.

Un día digo que soy yo, te amo y quiero vivir contigo hasta nuestra muerte. Al día siguiente sulfuro rabia por las palabras que dije sin sentir… siento una tristeza radiante, que brilla en mi interior y me impulsa a salir de ella, a tomarme entre mis únicos brazos y llevarme a donde haya más luz, menos dolor y más amor.

Consciencia·Expresando·Poesía·Por El Gusto

Filantropía

A veces, creo que el espacio se llena con sensaciones rugosas…

Que la carencia de expresiones saludables en los días,

atrapa el músculo y atrofia cualquier sentimiento que pudiera llegar a la pureza.

Si decides quedarte, adelante.

Pero no repruebes, no reproches con tus actos

hasta consumir al mínimo la mágica proeza filial.

Si se cultivó la oscura semilla en erradas y desolladas noches,

no permitas que germinen, que se las trague la tierra

y que haga con ellas lo que deba…

No las conserves tú, si a mi lado permaneces,

porque será irremediable la cárcel en que viviremos,

y aún somos las alas que la libertad nos dio.

Si decides quedarte, cuando la bondad asome su rostro,

mírala con franqueza y recibe de ella,

la fragosa compasión que abrace tu dolor

e incinere el negro llanto que de tus ojos sigue goteando.

No soy la causa de tu desamor,

si lo soy, será momento de partir.

Soy la risa del espíritu y las llaves de la puerta cercana al cielo.

Si me convierto en lo contrario, sin remedio,

tomaré el siguiente vuelo.

Consciencia·Ensayando·Sentires

¿En qué mundo vive?

Las personas hablan. El público expresa simples palabras, burdas como la burocracia misma. Y dicen y alardean. Algunos mientan madres, otros quieren guerra y lucha, no conformarse. Pero, al final, no mucho se siente diferente. Y las cuestiones sociales, económicas, políticas, globales, siguen siendo la misma mierda. Llevados por la inercia, por la inconsciencia, sólo somos presa de todo, menos de nosotros mismos o de la intuición o de lo que emerge de lo más profundo de nuestro interior. Y es ahí donde radica el problema, si no mundial, de la nación en la que nací.

Porque todo esto va mucho más allá de cuestiones como la educación, la cultura, la pobreza, la sustentabilidad y otros asuntos que se consideran los problemas graves de la sociedad. Aquí se requiere algo más grande que expresar. Se necesita quizás un momento de evolución o de revolución. De volver a cambiar lo establecido, pero no desde afuera, desde dentro.

Recientemente, alguien cercano a mí, dijo: “¿En qué mundo vive?” Haciendo referencia a un artista que, durante su concierto, expresaba sus más profundas ideas sobre la sociedad, la política, la educación. Exponía ante casi 4mil personas, su pensamiento, la ideología que lo diferencia de la mayoría. Le daba congruencia a sus letras y música. Se convertía con cada oración pronunciada, en verosimilitud pura para sus seguidores.

Tenía los dientes expuestos con una enorme sonrisa, la piel erizada y el cuerpo entero me vibraba de emoción cuando la pregunta salió de sus labios. Una mezcolanza de emociones vino de mi estómago al pecho y de ahí hasta el cerebro. Quise ¡decirle, gritarle, sacudirlo! E imaginé como lo tomaba de la playera, gritando y llorando ─por cómico que pueda sonar─. Y lo único que me salió de la boca fue: “Tú problema es esa forma de pensar”. Ahí radica todo esto: el principal problema de la sociedad mexicana, es el pensamiento insertado a través de años, en las diminutas mentes de los individuos que forman la población. Pensar que es imposible, que siempre ha sido así y no cambiará. Que lo que hagas no importa porque no afecta para bien ni para mal. Hacerle honor a la frase: “Evita la fatiga, lo que puedas hacer hoy, déjalo para mañana”. Pensé también si acaso estaba siendo exagerado mi pensamiento, quizás las carga emocional del día me estaba tomando presa y no estaba sintiendo con claridad. No fue el caso, mi sentir era claro y aunque no quise darle mayor importancia al hecho, me hubiera gustado decirle, por ejemplo: gracias, gracias por pensar así. Eres de los que nos mantiene vivos ─diría cualquier empresario─. Y otras más, inútiles, en su caso.

La consciencia es lo importante: darte cuenta, mirar. Moverte, sentir, correr, gritar, decir. Porque la información se transmite a través de palabras. Y sí, quizás no se puede hacer algo contundente contra los delitos más graves, pero por algo se empieza. Los cambios mínimos, los que tú y otros consideran inservibles, son la puerta a los grandes. El desafío es lograr lo más pequeño porque si es así, lo grande llega casi por añadidura. Es simple, no hay nada complejo. Todo eso que dices, es porque tienes miedo, ¿a qué? A todo: a dejar de pertenecer, ser diferente, sentir diferente, actuar diferente. ¿Qué más da? Vida como ésta, sólo habrá una… La idea es sumarse en ideas, en pensamientos y por lo tanto en hechos. Bien dicen que “La unión hace la fuerza”.

No sé bien, no tengo la certeza de muchas cuestiones, pero expresar vale mucho más que permanecer mudo. Moverse es mejor que quedarse quieto.