Consciencia·Por El Gusto·Sentires·Un Poco De Cultura

Conocer México

En un pueblo como Xalpatlahuac, Guerrero o Shalpa, como todos lo llaman, la belleza es más honesta. Uno traspasa a la gente que es humilde, sencilla y de toneladas de fortaleza. Todas muy bonitas, muy especiales en su arreglo, con el rebozo cubriendo bien su cabeza, la falda a media rodilla y los zapatos de hule bajitos. Su belleza nada tiene que ver con el modelo europeo o estadounidense, es un modelo más original, café y folclórico.

    La gente siempre amable va diciendo: “Buenos días, buenas tardes, buenas noches”, y sonríen discretamente mientras siguen caminando. Veo la pobreza por todos lados, la mano de Dios es lo más amigable que reciben, por eso lo alaban sin recato. Aquí uno mira las casitas casi vacías y a la gente en ellas con su mirada temerosa. Pero no pasan dos minutos cuando ya te invitaron a pasar y te cuentan a profundidad sobre su vida como uno hace sólo con los amigos. Al ingresar en sus casas, uno entra en ellos mismos y se abren por entero de humano a humano, no están acostumbrados a los muros gigantes de concreto ni de ningún tipo. Así, te ponen la sillita invitándote a descansar. Hablan a lengua suelta con unas ganas de sacarse todo lo que llevan dentro, y con facilidad brota el agua de sus ojos para recorrer sus mejillas: “somos pobres, pero aquí estamos”, frases que se repiten al mismo tiempo que suenen las campanadas de la iglesia del pueblo. Igual que su perifoneo, su radio comunitaria llena de anuncios carentes de malicia: “¡Pase a la casa de Catalina, hay pollo fresco!”, o de canciones de alabanza a la Virgen de Guadalupe en este 12 de diciembre.

    A mi costado tengo a las montañas, miro este pueblo abrazado por ellas, envuelto en 180° de cielo. Desde este cuarto sin puerta que tiene hoyos por ventanas, escucho todas las noches y todas las mañanas a los gallos, guajolotes, los burros y uno que otro cerdo. Al unísono cantan o gritan, o quien sabe pero mucho ruido hacen; seres que viven, que respiran al mismo tiempo conmigo, y miran las estrellas con el mismo ahínco con que yo lo hago. Y sorben agua y cuando tienen un sabor en sus bocas, también sus cuerpos se regocijan de goce.

     Es curioso, es curiosa la gente. Este lugar es otro México. No sólo porque está alejado de la capital, sino porque aquí las personas hablan, visten, piensan y actúan diferente. Todos aquí son comunes, con la piel marrón, su estatura diminuta y ese acento que resulta de poner a un náhuatl a hablar español: “No, antes qué íbamos a hablar español, no sabíamos nosotros. Pero nos enseñaron y ora sí ya, antes ni que pensar en eso”.

     Por eso comencé diciendo que la belleza acá es más auténtica, menos maquillada, más verdadera, porque nada se esconde y lo que brilla no son los objetos de la gente, sino sus ojos que, a pesar del dolor y la falta, resplandecen mucho más que cualquier piedra preciosa cuando te miran.

    Y yo estoy aquí sentada, tratando de camuflarme, busco la invisibilidad porque me siento ajena, pues a pesar de que este lugar también es parte de la nación que me vio nacer, es un mundo distinto, alejado de la realidad cotidiana en que vivimos la mayoría de los mexicanos.

La niña

Eme Lechuga

Literatura·Nuevo Periodismo·Pintura·Por El Gusto·Un Poco De Cultura

Van Gogh es descubierto

Bajo la noche estrellada, él suelta delicadas pinceladas. De sus muñecas brotan tonalidades propias de la naturaleza que empapan la desabrida tela. A cada trazo, Vincent Van Gogh lucha por plasmar lo que su mente dibuja. Lienzos, matices y exhaustivos intentos que no encuentran el éxito.

El joven hombre, se levanta del banco y dando la espalda a la imagen que ahora lo perturba, bebe hasta la última gota de su copa. Desesperado ante el fracaso, jala con sus manos los cortos mechones de su cabellera rojiza. Abandona la sala. Se dirige a la recámara enloquecido de rabia. Mira al espejo, con las pupilas secas y una mórbida expresión en el rostro, toma su oreja, la estira y la suelta. Se dirige a su cama, un vuelco en sus entrañas lo acosa durante la noche… silencio sempiterno y luego, su grito más punzante retumbando en todo Arles.

La luz del día se interna en el cuarto, Van Gogh se levanta con el anhelo ferviente de haber sólo soñado. Se desbarata al contemplar la obra terminada que ya no cambiará. ¡Theo! Piensa mientras corre hacía su escritorio para comenzar a escribir: febrero 14, 1888… Theo, he decidido obsequiártelo porque no ha sido de mi agrado, no puedo lograr… Como sea, puedes tenerlo tú, me recuerda a ti…

 

Oculta, detrás de muebles y ropa amontonada en el desván. Ahí sola y abandonada desde hace tiempo, muestra una de las esquinas de su cuerpo a Louis Van Tilborgh, el investigador termina de desnudarla y la revela radiante: “Puesta de Sol en Montmajour“, es encontrada en la desván de una casa en París, después de 125 años de haber sido pintada.

Vincent Van Gogh
Vincent Van Gogh
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La perpetua fugacidad

La perpetua fugacidad

Hablar sobre aquel beso que me dejó cautiva,

Que sublimó mis sentidos hasta dejarme en la locura

Por largo tiempo.

Contar la historia de aquella mañana

En la que el largo camino se hizo tan corto,

Y se perdió el tiempo y el espacio.

Decir que nuestros cuerpos se elevaron

Y que el fuego inesperado absorbió mi enteridad.

Que el calor que salió de entre nosotros cuando la humedad era compartida

Sólo se asemejó a lo que los dioses tienen en el Olimpo.

Confieso que hubiera querido más,

Confieso que todas las partes de mi cuerpo

Se iluminaron cuando mis labios sintieron

La suavidad cercana al terciopelo,

La dulzura de sus labios alrededor de los míos.

Momento inolvidable e irrepetible,

Momento efímero, eterno, insensato e incorrecto.

Pero, al fin, sólo eso, un momento…

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En Busca Del Olvido…

Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Sinaloa, Michoacán, Veracruz, Guerrero y Oaxaca son la inminente muestra del abandono y la desdicha… 24 mil 500 personas, sólo en Ciudad Juárez, han cambiado de residencia, gracias a las batallas suscitadas en las calles entre los diversos carteles del narcotráfico.

Aarón sonríe y eleva su mirada al cielo mientras lanza el avión de papel con su mano. No piensa en nada, más que en el vuelo perfecto que debe tener el aeroplano. No le ha pasado por la mente y desconoce que pronto tendrá que volar hacía un mundo nuevo, a un lugar lejano, lleno de nuevos desconocidos. Dejando atrás los viejos amigos, las viejas bromas y juegos.

El pequeño persigue el avión, que ha salido por el zaguán entre abierto. Ahora en la banqueta, lo recoge y cuando lo prepara para proyectarlo al infinito una vez más, el ensordecedor sonido de las llantas de una gran camioneta derrapándose en el suelo, se hace presente. En cuestión de segundos, la voz viene a su cabeza: -si escuchan balazos, deben tirarse al suelo y cubrir su cabeza con las dos manos-. Lecciones propias de la escuela que activan su instinto, obligándolo a tirarse al suelo. Quedando entre un auto y el portón de su casa, Aarón siente miedo, quiere ir a casa, pero la voz sigue en su mente: -Y no se levanten hasta que no haya ningún ruido-.

Entonces, lo peor sucede. Otra camioneta de igual tamaño se interpone a la primera, ¡comienza el tiroteo! Y los sonidos no se detienen, las balas golpean y atraviesan el aluminio, dos hombres caen al suelo, cerca de él… De aquél niño al que le brotan lágrimas de pánico y angustia. Pero nada importa más que la voz que suena en su mente: -Cubran sus cabezas, no se levanten hasta que cese el ruido-. No importan ya sus ganas de jugar o de alzar el vuelo de su avioncito, no importa ya si puede salir a jugar o si está castigado, no importa si la escuela es aburrida o si mamá lo regaña. Nada importa más…

Unos cuatro hombres han caído sobre el pavimento, el fuego se ha detenido… Con el cuerpo tembloroso e imágenes imborrables que han quedado en su cabeza, Aarón corre hacía la puerta, donde su madre aterrada y casi paralizada se encuentra: -¡Aaroncito, Aaroncito, bendito el señor que nada te ha pasado! Seis minutos de pánico han sido suficientes para ambos. Mañana por la mañana, partirán al algún otro lugar, en busca de tranquilidad, en busca del olvido.

La catástrofe no para, las balas siguen saliendo por los cañones de las armas. La sangre sigue corriendo, lagrimas brotan de las familias, la tristeza se vive en cada respiro. Más de treinta mil muertes que quedan impunes, muertes que quizás, en el futuro se hagan llamar “heroicas” –sin vergüenza alguna-. Y así, la injusticia sigue, el país no crece para todos. Se agranda para pocos, se achica para la mayoría, porque mientras el dolor consume la vida de una o muchas madres que han perdido a sus hijos, para otros “La Guerra Contra El Narco sigue dando buenos resultados”.

                                             Por Mónica Lechuga V.

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¡Comenzamos!

Después de mucho de tiempo de mantenerme en la firme línea del No, hoy he decidido iniciar una etapa de escritura distinta, compartiendo “mundialmente” mis letras, palabras, frases y demás.

Aquí comienza un splash de ideas y pensamientos dedicados a todos y a ninguno. Las únicas intenciones de crear este sitio son tres:

  1. Compartir
  2. Expresar
  3. Difundir

Con lo anterior, espero ser leída y con mucha suerte, acompañar a alguno o alguna con mis palabras.

¡Comenzamos!

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