La próxima vida

Escribo en medio de pulgas y el silencio… Estoy cansada hasta los dientes, mi cuerpo tiene sueño, pero los piquetes se lo han robado.

¿Quería esto? ¿Intoxicarme y morir?
Yo deseaba la paz de vuelta en mi amado hogar. ¿Hacerme daño para reclamar?
No era suficiente decir hasta que mi salud estuviera involucrada. Mis razones tenían que ser suficientes para tener un valor.

Y ahora, ¿qué hay para decir?

En mi cabeza, las ideas y palabras se hilan unas con otras, en cien y mil frases que quieren salir a romper el silencio y acuchillarlo con la rabia gestada durante meses; pero es de noche y hay silencio y, apesar de serlo, mi coraje sabe de respeto y consideración.

¿En dónde colocar esta semilla?
¿Dónde el lugar para que germinen el odio y el rencor que se han guardado con el debido cuidado y razón?

¿Qué de bueno va a nacer de este corajudo sentir?…
¿Límites? Y cómo saber si el límite es correcto, si no es sólo berrinche y mis maneras y mi control total de los asuntos, porque eso también duele y enrabia…

¿Cómo saber cuál es el límite? Y que no estoy siendo “exagerada”, “chillona”, “quejumbrosa”, “intolerante”, “exigente”, “incomprensiva”, “insensible”, “inhumana”.

Hoy ya sólo no quiero luchar. Estoy cansada, pido tregua. Pido que venga el amor y lo solucione todo con su sabia voz… Qué cansado pelear para que se cumplan mis peticiones y convencer a morir…

Ya no puedo ser pasiva, ya no puedo ser nada… ser pasiva me acorraló, anuló, invisivilizó, desapareció, me mató.

Ya sé que el otro tiene su parte en ser abusivo e irresponsable, pero ¿ya para qué?
¿Pará qué me sirve ahora saber que el límite está donde no se siente bien, en el primer momento que te lastima indiscriminadamente y abusa de tu bondad.

La próxima vez, voy a amarme un poco más, voy a acercarme más a mí y menos a los demás. Ya no hay más opción, me queda la próxima vida y esperar para hacerlo mejor…