Literatura·Poesía·Por El Gusto

Inmortalidad segundera

Las palabras que vienen son pobres, insuficientes;

porque el centro del universo sulfura en mi vientre,
hierve hasta llegar a mi pecho en un palpitar de dos que no dejan de serlo y al tiempo se vuelven unísona respiración y movimientos entre cortados.

Dos cuerpos se tocan y calcinan cualquier pensamiento. Charlan dos caderas adormiladas,
como serpientes danzantes al ritmo de seductora melodía de flauta… Su ritmo rompe cadenas milenarias.

Los dedos se hunden hasta tocar profundidades álmicas, entrando por profuzas cavidades para llegar al más sensible de los pudores.

Convergen los tiempos en uno solo, un instante en que los seres yacen sin mente en un aquí y ahora marcado por saliva y caricias;

El inclemente pasar del tiempo se detiene, plumas sobre una cama acompañan el ritmo del reloj, que ahora se rige por gemidos de pieles y gargantas de hombre y mujer que se erizan al descubrir en un acto simple y terrenal que, tan sólo por unos segundos, rozaron a Dios, alcanzaron la inmortalidad.

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