Literatura·Poesía·Sentires

40 días y 40 noches

Cuarenta días y cuarenta noches de desértica soledad.

Andando entre arenas de auténtica verdad y demonios aprisionados que ahora se muestran a gritos.

Aquí no hay agua para beber cuando el deseo ataque,

sólo agrietados pechos en derrama de áridas esperanzas;

piezas de romper cabezas,

de un pasado que se muestra sincero;

silencios de tarde que acumulan lágrimas,

las guardan para la sequía del anochecer.

Acompaña el insomnio. En noches de empedernido pensamiento,

aguarda con la cabeza en la almohada,

a Venus y Marte le devuelvan la mirada desde la bóveda celeste.

Decir algo bello

que nada es como espero,

que todo se parece menos a mis sedientas expectativas,

y más a la fructuosa vida.

No olvidar el ineludible lenitivo:

cuando la cuenta termine, finalmente, su olor se te habrá evaporado.

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