Literatura

Cartas a Helena (Parte II)

Cosas que no puedo borrarme:
La última vez que te vi con tus bien plantadas y nulas ganas de coger, esas mínimas muestras de amor; las razones por las que todo terminó y esta despedida virtual tan al estilo millennial.

Te dije: “no quiero más nada”. Y es lo que hoy tengo de ti: nada. Eres la desaparición forzada de alguien a quien amo con todo el que soy. No ya como pareja, porque luego de tantos intentos y tanta cosa, uno sabe que no quiere más.

Y no, claro que no sólo fuiste tú. Yo tampoco fui el mejor siempre, y al final de todo es que, creo que simplemente no pudimos.

Es cierto que en momentos te olvido y sonrío y estoy de veras feliz, porque me distraigo con nuevos rostros y voces y su música; con nuevos proyectos que de veras me llaman. Pero cuando bien vengo al silencio, aparece tu ausencia con él y extrañarte se hace rotundo, in-huíble.

Sé que, como muchos otros antes de mí han dicho: mis ojos no volverán a verte y mis manos que te recuerdan bien van a tocarte jamás. Y es que, Hele, los últimos meses (o ya no sé desde cuándo) fueron para mí como vivir en el Ártico siendo auténtico fuego de hoguera. Tenía ganas de ti, de hacernos calor unas horas, con besos, con caricias, con palabras, ¡con puras miradas!

No olvido esos últimos días. Antes de que todo acabara, como si lo supieras, me abrazaste con todo tu amor. ¿Habías vuelto? Me pregunté y seguí: Si me quedara más tiempo, si aguantara un poco más ¿regresarías con todo el deseo y el amor que parecían haberse evaporado?

La cosa es que se me acabó la paciencia. Se me esfumó el qué dar, el quedar. Se nos hizo demasiado tarde, Helena.

Yo quería ser pareja incluso en tiempos de batallas inluchables, en tiempos de hambre, en tiempos de insondables pérdidas y heridas profundas. No para que me besaras con toda la vida entre tus labios, cuando la muerte te estaba acompañando, pero para que supieras que no sólo ella te acompañaba; que mis abrazos no querían caerte como “bofetadas”, y que mis intenciones eran deveras amorosas.

Quería ser contigo alguien que, aún con la muerte, brindara porque al menos y, no tan menos, nos teníamos el uno al otro con vida.

Nunca fui el hombre que necesitabas. Fui el que pude ser y no fue suficiente para cultivar en ti más sueños nuestros.

He tenido mucho tiempo para saber que la vida sigue aunque raspe, hierva y canse; la vida siempre sigue, sobre todo si hay razones alrededor para amarla con todo tu ser, yo sé que hoy las tienes y que por eso sigues con lo tuya. Por ahora, con saber eso me doy por satisfecho.

Siempre te llevaré en mis memorias,

Matías R.

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