Literatura·Poesía·Sentires

Quizás esta sea la primavera más lluviosa

Hay partes mías que no se resignan a vivir sin las tuyas.

Pero dentro de la claridad, no hay rincón para engaños,
ni espacio para ocultar las dudas,
ahora avergonzadas con cientos de “hubieras”
que se deslizan sin piedad
como cortinas descaradas,
rasgando las paredes.

Los meses siguen dando paso firme,
lanzándome a un vacío lleno de tu silencio;
ese mutismo que abraza por las noches
cuando los pies se niegan a seguir,
y que ha dado respuesta a las incógnitas
que no lograste descifrar para mí.

Pero al presente, no puedo tenerle quejas.
Cada día es un trago al goce,
una sonrisa rebosante de pasión;
una marcha inquebrantable hacia los sueños,
que danzan con la luna
y se escriben en mis desvelos más azules.

Es al pasado que uno quisiera cobrarle:
las noches de ceguera,
los esfuerzos homéricos,
esos meses con la cabeza baja y la mirada perdida;

el imparable caminar de tus pies
bailando hacia una tundra glacial,
cargado de tu desgana y desinterés,
sordo de mi deseo, de todas mis voces…

Reclamarle al fin, este prolongado adiós,
que ha tornado tu ausencia
en constante y dolorosa presencia,
y a los recuerdos el atisbo de la misma.

Se puede estar enfermo de necesidad
y creer que nada se necesita.
Tener lo que se necesita
y sentir que todo falta.