Archivos Mensuales: agosto 2015

As long as you dance

¿Cómo no amarte cuando tus puntas rozan el cielo?

Si desmesuradamente gritas todo lo que eres

cuando caminas sobre esa melodía.

 

¿Cómo no amarte si eres luz en movimiento?

Si eres la canción misma que tu cuerpo envuelve y que,

aunque nunca me ha hablado, desde siempre la entendí.

 

¿Cómo no amarte con esa transparencia única?

Si bailas con la inocencia de un niño,

pero con la cadencia de un hombre encendido.

 

Estás ahí postrado tras bambalinas,

escondido en el fondo de ti mismo,

en una profundidad parecida a la del océano…

 

En un lugar profuso lleno de claridad,

a la espera de que salgan de tus brazos rayos de sol,

y relámpagos encrespados griten a través de tus piernas.

 

Postura, espalda, alas,

piernas llenas de la belleza que sólo goza el apasionado de la expresión corpórea…

Eterna alumna enamorada de la danza… del maestro.

Amor a la danza

Sin ella

No te toco,
mis brazos acarician tu recuerdo,
ondean como bandera al compás del viento, 
pero no te alcanzan aún.

 

Añoranza de desdoblar el alma,

con un vuelco de emociones 

llenas de creencias inexorables,
que arremeten contra

la templanza mal pescada.

 

Danza, danza, danza…

que no vuelves a mis pies ni manos…

 Si te miran, estos ojos todavía destellan.

Te has quedado dentro,

palpitando una sonata infinita de delirio, 

de ilusión que aguarda ansiosa,

para probar de nuevo

la deliciosa duela que me rozará los metatarsos.

 

Retorna el movimiento libre del alma,

entrégame la música que correrá por mis oídos como agua viva de río,

que golpea el cuerpo,
que recuerda y olvida,

un abrazo denso, certera entrega de ser al ser.

Disolvencias

Se disuelven los sueños a los que les puse tu nombre y el mío.

Se han desvanecido con los meses, las suaves y ligeras caricias, el ardor de la vida de dos cuerpos en una cama, pieles desabotonadas, expuestas al puro hedonismo del tacto… carreras corpóreas, lentas y apresuradas, de arriba a abajo, de dedos a mejillas, de pavoneo caderal a tersura del vientre.

Los decires prohibidos de amor y locura, del idilio añorado; las desbocadas fantasías que hirvieron en nosotros hasta colmarnos de gozó…

Esa pasión desbordada hacia los costados del colchón, a la habitación contigua, a las calles, en el auto, los pisos, se la ha tragado la inconsciencia humana del día a día.

Las palabras se han ido por el desagüe, han caído a un canal donde van nadando los buenos recuerdos en busca de sus dueños…