Literatura

Sin tregua

A rastras toco tu rostro, que no expresa, que no habla.

Tiento en esta profusa oscuridad y encuentro tus manos heladas, que no acarician y no tocan.

Busco tus ojos, una mirada, el amor en ellos, a cambio descubro vacío, ausencia.

Acerco los oídos a tu pecho pero no hay latido, te has marchado con todo y el corazón para sentirme.

Permanezco ilusa, incrédula, con firmes pisadas hacia la hueca incertidumbre del mañana…

El mar espera incansable el momento de mi llegada… rugen sus olas, gritan la falta y restriegan su sal en el llanto.

La lengua no alcanza, no llega a ningún lado. Voz muda, silencio que grita con amargo desespero.

…arrumbada en este cuarto, olvidada por el tiempo, por ti, por él, por todos…

Literatura·Por El Gusto·Sentires

Gracias a Shelley

Rothwell Mary Shelley–Hace tiempo que escribí esto (más de un año), no quise dejarlo olvidado y rezagado a los recuerdos, por eso lo comparto–

Después de haber leído la espléndida novela Frankenstein de Mary W. Shelley, siento el deseo de agradecerle, precisamente a ella, con estas humildes palabras…

Comienzo diciéndote un flamante: ¡GRACIAS! Gracias por tu valentía, tu coraje y el valor para mostrarte presa de tus ideas y permitirte ser arrastrada por el oleaje de tus letras. Por no temer y hacerte libre a través de tu texto. Te agradezco por ser la motivación de alguien como yo, una mujer que desde que recuerda escribe y que, inició un sueño poco consiente pero bien encaminado a ser una gran escritora.

Mientras leía, pude escuchar tu voz con claridad, era suave; una mujer joven iba narrando paso a paso una historia llena de emociones e imágenes propias. Te imaginé viviendo verdaderas atrocidades o hermosos momentos para luego correr a tu cuarto a escribirlos de inmediato, llevada por tus deseos e instintos más profundos.

Puede ser que al final de nuestras historias o la del planeta mismo, de nada valgan nuestros esfuerzos por trascender y nuestra existencia se esfume sin más temporalidad que la de hoy. Pero en vida, disfrutar el magnífico texto que alguien dejó en hojas hace muchos muchos años, se torna suficiente y es motivo de singular satisfacción para el cuerpo, la mente y el alma.