Archivos Mensuales: enero 2013

Aquella noche…

No vi las estrellas, tampoco la luna. Sólo pude observar el cielo oscuro y enseguida su figura entera. Cada movimiento suyo mientras se dirigía hacia mí con una sonrisa transparente, causaba una emoción loca en mi abdomen, como hormigas dentro un mar que olea contra una pared y otra.

En algún momento, las palabras se volvieron insuficientes, insignificantes e innecesarias. No había nada que decir. Porque todo se sentía y todo sentía.

Yo quería gritar, pero callar. Quería correr y parar; saltar y caer; dormir y estar despierta. Tanto se sublimó que el cuerpo enloqueció. La sonrisa era palpable e inaudita, indisoluble e incontenible. Una tormenta de sentires y pensares: poesía, abstracción, temblor, ambrosía, amor, extensión…

Fueron segundos o minutos de
poco pensar. Las sustancias internas eran tan amigablemente traicioneras que incineraban cualquier juicio o razonamiento. Y fuiste tú, el que me dio la sonrisa aquella noche. Con pequeñas porciones de palabras y pizcas de ideas, te reíste y sentiste conmigo lo que el planeta debió sentir cuando sucedió el chispazo primario de la vida.

Marcó mi vida esa ocasión… Me motivó a decirles a otros sobre esto, sobre la realidad del hecho. Decirles que no se conformen, que no cierren todas sus puertas sólo por mantener abierta una vieja y desgastada que se desbarata a cada abrir y cerrar, que rechina de dolor y miedo en cada mínimo movimiento.

Antes no lo supe, porque no lo conocía —como dije alguna vez—. Pero hoy tengo la certeza de que es posible pero sobre todo, real. Existe.

Amor Eterno

No quiero acotumbrarme a tenerte,
no quiero asegurar tu presencia.
Quiero amarte de manera distinta,
para preservar tu escencia.

Quiero no romper con lo nuestro,
hacerlo eterno sin unirnos para siempre.
No quiero mentirte, herirte
ni dejar de desearte.

Te quiero lejos
para que vuelvas pronto.
Te quiero conmigo
pero no de siempre.

No envejecer a tu lado,
envejecer contigo.
No me cargues,
no me lleves en tu espalda.
Camina a mi costado
con las manos en las bolsas
o tomado de mi mano.

Mírame o deja de hacerlo,
abrázame o no lo hagas.
Bésame y acariciame
o ignórame pero no te detengas.

Y si lo dejas,
si te vas,
el recuerdo quedará.
O tal vez mañana,
con el tiempo, con la edad,
yo deje de acordarme de ti.