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En Busca Del Olvido…

Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Sinaloa, Michoacán, Veracruz, Guerrero y Oaxaca son la inminente muestra del abandono y la desdicha… 24 mil 500 personas, sólo en Ciudad Juárez, han cambiado de residencia, gracias a las batallas suscitadas en las calles entre los diversos carteles del narcotráfico.

Aarón sonríe y eleva su mirada al cielo mientras lanza el avión de papel con su mano. No piensa en nada, más que en el vuelo perfecto que debe tener el aeroplano. No le ha pasado por la mente y desconoce que pronto tendrá que volar hacía un mundo nuevo, a un lugar lejano, lleno de nuevos desconocidos. Dejando atrás los viejos amigos, las viejas bromas y juegos.

El pequeño persigue el avión, que ha salido por el zaguán entre abierto. Ahora en la banqueta, lo recoge y cuando lo prepara para proyectarlo al infinito una vez más, el ensordecedor sonido de las llantas de una gran camioneta derrapándose en el suelo, se hace presente. En cuestión de segundos, la voz viene a su cabeza: -si escuchan balazos, deben tirarse al suelo y cubrir su cabeza con las dos manos-. Lecciones propias de la escuela que activan su instinto, obligándolo a tirarse al suelo. Quedando entre un auto y el portón de su casa, Aarón siente miedo, quiere ir a casa, pero la voz sigue en su mente: -Y no se levanten hasta que no haya ningún ruido-.

Entonces, lo peor sucede. Otra camioneta de igual tamaño se interpone a la primera, ¡comienza el tiroteo! Y los sonidos no se detienen, las balas golpean y atraviesan el aluminio, dos hombres caen al suelo, cerca de él… De aquél niño al que le brotan lágrimas de pánico y angustia. Pero nada importa más que la voz que suena en su mente: -Cubran sus cabezas, no se levanten hasta que cese el ruido-. No importan ya sus ganas de jugar o de alzar el vuelo de su avioncito, no importa ya si puede salir a jugar o si está castigado, no importa si la escuela es aburrida o si mamá lo regaña. Nada importa más…

Unos cuatro hombres han caído sobre el pavimento, el fuego se ha detenido… Con el cuerpo tembloroso e imágenes imborrables que han quedado en su cabeza, Aarón corre hacía la puerta, donde su madre aterrada y casi paralizada se encuentra: -¡Aaroncito, Aaroncito, bendito el señor que nada te ha pasado! Seis minutos de pánico han sido suficientes para ambos. Mañana por la mañana, partirán al algún otro lugar, en busca de tranquilidad, en busca del olvido.

La catástrofe no para, las balas siguen saliendo por los cañones de las armas. La sangre sigue corriendo, lagrimas brotan de las familias, la tristeza se vive en cada respiro. Más de treinta mil muertes que quedan impunes, muertes que quizás, en el futuro se hagan llamar “heroicas” –sin vergüenza alguna-. Y así, la injusticia sigue, el país no crece para todos. Se agranda para pocos, se achica para la mayoría, porque mientras el dolor consume la vida de una o muchas madres que han perdido a sus hijos, para otros “La Guerra Contra El Narco sigue dando buenos resultados”.

                                             Por Mónica Lechuga V.

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