Danza·Literatura·Poesía·Sentires

Vida es movimiento

Cien puertas cerradas en un cuarto donde se cocina la locura.
Rechinan los oídos, zumban los ojos, galopa la sangre tras el sonido inacabable de sus deseos.

En urbe densificada, decepcionada de su grandeza, se hunde en convaleciente pobreza…

Luego le cae la danza al cuerpo como lluvia,
golpe tras golpe se le cimbran los huesos con el movimiento;

se detiene, gira la cabeza,
hace una mueca exagerada
y se dobla de risa.

De pronto todo es silencio…
un silencio hondo como el agujero de su pecho.

Todo es ausencia,
llanto y risa en un mismo rostro.
Vacío alegre de serlo,
sin ofrecer más caricias al dolor. Ha hecho de las grietas caminos, un mapa que conduce al arte.

Se disipan los lamentos, extiende sus alas y acaricia el momento, danzando en el aire con fecuos movimientos.

Literatura·Poesía·Por El Gusto

Inmortalidad segundera

Las palabras que vienen son pobres, insuficientes;

porque el centro del universo sulfura en mi vientre,
hierve hasta llegar a mi pecho en un palpitar de dos que no dejan de serlo y al tiempo se vuelven unísona respiración y movimientos entre cortados.

Dos cuerpos se tocan y calcinan cualquier pensamiento. Charlan dos caderas adormiladas,
como serpientes danzantes al ritmo de seductora melodía de flauta… Su ritmo rompe cadenas milenarias.

Los dedos se hunden hasta tocar profundidades álmicas, entrando por profuzas cavidades para llegar al más sensible de los pudores.

Convergen los tiempos en uno solo, un instante en que los seres yacen sin mente en un aquí y ahora marcado por saliva y caricias;

El inclemente pasar del tiempo se detiene, plumas sobre una cama acompañan el ritmo del reloj, que ahora se rige por gemidos de pieles y gargantas de hombre y mujer que se erizan al descubrir en un acto simple y terrenal que, tan sólo por unos segundos, rozaron a Dios, alcanzaron la inmortalidad.

Sentires

El final de la batalla

Hay una guerra interminable entre mujeres y hombres; ellos por allá, nosotras para acá.

Una competencia nula y absurda entre ganadores y perdedores, fuertes, débiles; mejores o peores.

Pero hay un momento único. Quizás una canción o algún motivo que celebrar juntos; las manos se tocan, dos cabezas bailan, labios se juntan y termina por ganar la sabiduría ancestral: aceptar que la vida misma fue posible sólo con la unión de ambos.

Mi guerra termina hoy, aquí sentada a su lado, creyendo que un amor verdadero fuera y dentro de mí, existe. Sin un precio caro por pagar, es posible… Y me sucede así en este preciso y mágico momento en que él acaricia mi rodilla y lo miro cómplice de lo que hacemos juntos cada día: la vida.

Tras una noche oscura que duró años, detrás del inmenso mar, finalmente, puedo ver salir el sol.

Poesía·Sentires

Espirales

La vida misma es un ciclo infinito: comienzo-final-comienzo-final,

y así sigue el cuento de nunca acabar.

Pero ¡oh, humanos y su libre albedrío!

La vida nos empuja a dar pasos en la oscuridad de lo desconocido

y escogemos cerrar los ojos;

exprimir los finales como trapo viejo que son,

hasta sacar la última gota de agua vital.

Somos grandes mentirosos,

diciendo cantidades monstruosas de mentiras:

“no sólo todo cambiará, irá mejor”.

Y evitamos el silencio,

que no pierde oportunidad para gritar crudezas,

porque la cortina que cubría la verdad

es ahora un velo transparente que se descorre sin tu voluntad.

El punto de no retorno aparece

y una mentira más sería despiadado.

Ahora lo sabes,

mereces ser amado, mereces un amor verdadero,

empezando por el tuyo.

Danza·Sentires

Bien bailada

A veces no aguanto los huesos, los músculos, el sueño;

pero el sueño es el que estoy persiguiendo.

Llego exhausta cada noche y quisiera dormir dos o tres días seguidos,

pero hay que comer y, sobre todo, hay que vivir y para eso hay que bailar.

Voy al trabajo y lo gozo…

pero cuando toco el piso helado con mi rostro,

la música corre por mis oídos como agua viva de río y

toca este cuerpo que recuerda y olvida…

el sonido golpea mi pecho, hombros, cadera…

viaja por mi cuerpo y canta la niña Lechuga,

contenta de ser lo que siempre fue:

desdoblamiento del alma;

danza, danza,
danza que palpita una sonata infinita de delirio,

de ilusión que aguarda ansiosa,

para probar de nuevo

la deliciosa duela en que flotan mis fantasías.

Consciencia·Expresando·Sentires

Trabajar

Siento algo así como un peso de dimensiones glaciares que me abraza. Lo llevo en la espalda, pero sigo andando. No hay posibilidad de pausa y menos ahora que decidí aventurarme en una nueva locura sin precedentes.

Cuesta trabajo, por eso le pusieron así: Trabajar, que no es recibir un pago por hacer algo, sino crear y persistir en algo que asegurará la vida. Entiéndase vida por cada pequeña parte de tiempo invertido en lo que nos hace sonreír, permite caminar, o incluso, respirar; lo otro, debería conocerse como esclavitud remunerada.

Yo… nunca me había apostado a mí, porque de veras da terror hacer esto. El éxito o fracaso es sólo de uno, aunque el éxito se siente bien, también pesa; el éxito viene acompañado de un peso tremendo.

El éxito está en trabajar sin descanso; un ir y venir infinito de estímulo-recompensa, de atroz pesadumbre y desmedida sonrisa.

Expresando·Sentires

La mujer de mi vida

Se ha convertido en una mujer sabia,

que ha encontrado respuestas en su vivir diario.

A pesar de su acochambrada educación,

ha abierto el camino a cientos y miles de posibilidades distintas;

dispuesta a cambiar, a mirarse,

a crecer a través de la consciencia.

Ha temido, ha sufrido, sin embargo, nunca pensó en rendirse.

Sus batallas las ha peleado sin armadura, no lleva alguna;

va por la vida con la ingenuidad y su risa como las mejores armas.

Aquí la llamo mi Madre,

pero supongo que en otro tiempo

fuimos grandes amigas y compañeras de aventuras incontables.

Decir que la amo es decir poco.

Ella es mi guía.

Una luz que permanece encendida hasta en los más grandes apagones.

Su voluntad es férrea y quizás ella misma no lo sepa,

pero las situaciones no doblan su valor,

ni su fuerza para caminar incluso entre el fuego y el dolor.

A veces ella cree que necesita a las personas,

en realidad somos nosotros quienes la necesitamos.