Esencia

Nacemos siendo esencia y luego, lo olvidamos.

Es ella quien actúa cuando necesitamos ser salvados.

En los actos más profundos: la esencia.

Se mantiene en calma, siempre templada.

Sabe lo que necesita y lo que no… no sufre, vive.

Irradia luz en el dolor y en la felicidad.

 

Un bloque de concreto se mantiene sobre mis manos,

Evitando que la poesía salga por mis dedos… tratando de aplastar mi alma.

¿Por qué no quiere salir?

Porque has mantenido tu esencia oculta

para estar con él.

 

No he muerto, 

estoy aquí y siempre lo estaré.

Aún si no me miras, 

estaré aguardando para cuando decidas

verte de nuevo y vivir por ti.

 

Mostrar el arte que eres 

y eso que llamas locura.

 

Cuando temas, asómate a este agujero en el que me alojo.

Estoy llena de tu vida,  tu deseo, tu dolor y toda tu pasión.

 

Tu esencia vive en ti… estarías muerta de no ser así.

La próxima vida

Escribo en medio de pulgas y el silencio… Estoy cansada hasta los dientes, mi cuerpo tiene sueño, pero los piquetes se lo han robado.

¿Quería esto? ¿Intoxicarme y morir?
Yo deseaba la paz de vuelta en mi amado hogar. ¿Hacerme daño para reclamar?
No era suficiente decir hasta que mi salud estuviera involucrada. Mis razones tenían que ser suficientes para tener un valor.

Y ahora, ¿qué hay para decir?

En mi cabeza, las ideas y palabras se hilan unas con otras, en cien y mil frases que quieren salir a romper el silencio y acuchillarlo con la rabia gestada durante meses; pero es de noche y hay silencio y, apesar de serlo, mi coraje sabe de respeto y consideración.

¿En dónde colocar esta semilla?
¿Dónde el lugar para que germinen el odio y el rencor que se han guardado con el debido cuidado y razón?

¿Qué de bueno va a nacer de este corajudo sentir?…
¿Límites? Y cómo saber si el límite es correcto, si no es sólo berrinche y mis maneras y mi control total de los asuntos, porque eso también duele y enrabia…

¿Cómo saber cuál es el límite? Y que no estoy siendo “exagerada”, “chillona”, “quejumbrosa”, “intolerante”, “exigente”, “incomprensiva”, “insensible”, “inhumana”.

Hoy ya sólo no quiero luchar. Estoy cansada, pido tregua. Pido que venga el amor y lo solucione todo con su sabia voz… Qué cansado pelear para que se cumplan mis peticiones y convencer a morir…

Ya no puedo ser pasiva, ya no puedo ser nada… ser pasiva me acorraló, anuló, invisivilizó, desapareció, me mató.

Ya sé que el otro tiene su parte en ser abusivo e irresponsable, pero ¿ya para qué?
¿Pará qué me sirve ahora saber que el límite está donde no se siente bien, en el primer momento que te lastima indiscriminadamente y abusa de tu bondad.

La próxima vez, voy a amarme un poco más, voy a acercarme más a mí y menos a los demás. Ya no hay más opción, me queda la próxima vida y esperar para hacerlo mejor…

¿Por qué dices que vives?

La vida pesa y fastidia,

Cuando nuevas heridas aparecen,

y el alma se agrieta con cada pérdida.

Pero desde el principio

fue un golpe en las nalgas y llanto desesperado;

sensación de ahogo e implacable temor.

Venir a la vida implica valentía,

para vivir a cuestas del dolor;

ser fuerza, levar anclas y

¡partir a desconocidos puertos!

La vida es lucha inquebrantable por los sueños.

Es dar tragos al goce,

con sonrisas rebosantes de pasión,

que danzan con la luna

y se escriben en los desvelos más azules;

La vida no es sólo eso que dicen:

casa grande, auto nuevo, marido, hijos;

es todo aquello que vibra en tu pecho,

todo lo que sientes y percibes mientras vives.

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Clima laboral

Permanecer al borde de la elegancia,

de la muda cara de la hipocresía,

con el asombro resguardado detrás de esos ojos de niño…

 

Bruma absolutamente hipnótica,

pensamientos concretos, cuartos cerrados, tapizados…

enredos existenciales de la virtualidad.

 

Saludos y sonrisas muertas,

pálidos rostros de tersa oscuridad.

Fieles aliadas

No quiero olvidar que me salvaron cuando caminé directo a esa cueva de lobos donde fui devorada por uno o varios;

y me dejaron gritar con ellas en mis manos y una pluma que decía por mí lo que recalcitraba el corazón.

No quiero, porque les debo todo: mi valor para enfrentarme a todos y a ninguno, y saber que el duelo más intenso sería día a día conmigo misma y el silencio de mis pensamientos.

Si olvido, me condeno a un pretérito reincidente. Me olvido… Estoy en las frases que liberan mis miedos, amores y vacíos;

en letras que se autoconstruyen cuando brotan de mi pecho, cuando parece que las ganas no me alcanzan, que el valor no se me ajusta a la piel y lo ojos se me vuelven de agua y el dolor corre río liberado entre los lagrimales;

cuando la felicidad no cabe en carcajadas y la vida es vida y me recuerda con su poética virtud:

la poeta no siembra sus males en otros, germina sus semillas en hojas y libros;

el tiempo no le alcanza para decir… ¡da prisa a la tinta y anda a escribir! cuando el estómago y las vomitivas entrañas lo demanden.

No quiero olvidarlas, palabras. Desde que las aprendí, son fieles aliadas en la lucha por mantenerme la vida en un mundo hecho nudos.

No puedo olvidar mis propias lecciones, todas las escritas en cuadernos de tardes y noches solitarias.

Me debo a ti mi fiel y literaria amiga.

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